El cielo del violín

El cielo del violín

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Si en la vida es bueno ser agradecidos, debemos estarlo entonces con la Fundación Tzedaká, que hizo posible que un grande de la música como Itzhak Perlman viniera a Montevideo. Una alegría adicional fue ver la sala Eduardo Fabini tan rebosante de público. Es lo que se merece un artista de este porte. Muchas veces distintas circunstancias, entre la que no es menor el precio de las localidades, conspiran contra ese ingrediente vital del espectáculo que es un teatro lleno. Aquí no hubo tal cosa y ya en el hall de entrada se percibió un volumen de asistencia que minutos después dejó la sala repleta.

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