Todos tenemos un vínculo particular con las comidas que solían hacerse en nuestras casas. Sus aromas y sabores, inevitablemente, nos retrotraen al barrio y el calor del hogar.
Tal como relató Proust: «En el mismo instante en que ese sorbo de té mezclado con sabor a pastel tocó mi paladar… el recuerdo se hizo presente… Era el mismo sabor de aquella magdalena que mi tía me daba los sábados por la mañana. Tan pronto como reconocí los sabores de aquella magdalena…