No hay dictador que dure cien años
En 1939, Chaplin enfrentó dos cuestiones con la película El gran dictador. Por un lado, su debut como director y protagonista en un largometraje sonoro. Por otro, la denuncia directa de los horrores que anunciaba el poderío de Adolf Hitler. El viernes ese ícono del cine político fue exhibido en la mismísima Puerta de Brandenburgo, antiguo monumento berlinés –en cierta medida equivalente a nuestra puerta de la Ciudadela- que sirvió de escenario a innumerables desfiles nazis.