La fuerza de la ley o el terrorismo

Cumplidos los diecisiete años del atentado contra la AMIA, podemos constatar lo que ocurre cuando fracasan los mecanismos jurídicos más importantes frente al terrorismo internacional: se afianzan las tendencias anárquicas, que se aplican de acuerdo a la importancia que cada nación posea. Washington, desconfiando de dichos dispositivos, decidió eliminar a Bin Laden a través de una acción militar, sin someterlo a un juicio justo y vulnerando muchos de los principios del derecho internacional. Por otro lado, a países menos poderosos, como es el caso de Argentina, solo les queda la presentación de su caso en instancias multilaterales para reclamar justicia.

Irán promueve una reunión de cancilleres por el caso AMIA

Irán quiere una cumbre de cancilleres con la Argentina, informaron altas fuentes diplomáticas a Clarín. Con ella quiere formalizar negociaciones sobre las que ya enviaron mensajes anteriores a este país. Quieren, supo este diario firmar algún “a cuerdo jurídico diplomático” que destrabe el conflicto existente ente los dos países desde que la Justicia local acusó a un grupo de ex y actuales funcionarios iraníes por el atentado a la AMIA, del que se cumplieron 17 años el lunes último.

Kidbox: un navegador web exclusivo para niños hecho en Uruguay

“You tube, you tube”, repite la niña de dos años a sus padres. Aún con pocas palabras incorporadas al vocabulario, la pequeña ya sabe cómo decir que quiere navegar por el más popular sitio web de videos. ¿Pero qué pasará cuando crezca? Los peligros de la red acechan a los más pequeños, siendo los principales aquellos vinculados con la violencia y la pornografía. Una de las respuestas a estos problemas la da el nuevo navegador para niños Kidbox, que estará online desde el próximo agosto. Uno de los creadores de la iniciativa es Alan Kind, de 31 años de edad, quien concurrió durante 16 años a la Escuela Integral Hebreo Uruguaya, donde cursó desde el Jardín de Infantes hasta el Bachillerato.

La vecindad del mal

Jedwabne, 10 de julio de 1941. El sol del verano brillaba con fuerza, casi con ensañamiento sobre la plaza principal de este shtetl -pueblo de mayoría judía- en el extremo Noreste de Polonia, a ciento noventa kilómetros de Varsovia. Un pueblo rural, entre ríos y trigales, apenas cuatro kilómetros cuadrados marcados en el mapa, sin señas particulares si no fuera por un hecho que lo puso en la memoria del horror y permaneció silenciado hasta hace poco tiempo: setenta años atrás, la mitad de los vecinos de Jedwabne asesinó o vio asesinar impertérrita a la otra mitad, más de mil personas de origen judío, bajo el aliento de unos pocos soldados de la gendarmería alemana presentes.