Venezuela de Chávez lleva a silencioso éxodo judío

«¡Maldito seas, Estado de Israel!» Estas palabras, pronunciadas en 2010 por Hugo Chávez, tras el ataque israelí a una flota de ayuda humanitaria que intentaba llegar a Gaza, lejos estuvieron de sorprender a la colectividad judía venezolana. Chávez ya había roto relaciones diplomáticas con Israel en protesta por la ofensiva judía en Gaza, en 2009. Esa decisión fue precedida por el allanamiento en el club Hebraica, de Caracas, en diciembre de 2007, y los destrozos y las pintadas antisemitas en una sinagoga , también en la capital.

Israel ante un histórico acuerdo

Si todo se concreta tal cual está planeado, mañana el soldado israelí Guilad Shalit vuelve a casa. Tras 1.941 días en cautiverio, más de cinco años desde que fue secuestrado por terroristas de Hamas cuando se hallaba en su base, en servicio militar obligatorio, en territorio israelí, este joven ya conocido en todo el mundo retornará al seno de su familia y al abrazo de su país. Israel lo espera con emoción, como si el hijo de cada uno volviera a casa. En un ejército como el israelí, imprescindible para la defensa del territorio y su población, se encuentran todas las clases sociales y casi todos los sectores de la población. El grueso de la sociedad israelí sabe que a los 18 años sus hijos tienen que hacer el servicio militar. Diferentes capas sociales, el hijo del almacenero y del banquero, todos se presentan y según las aptitudes de cada uno pueden también encontrarse en las mismas unidades.

“Según las normas del Islam”.

Desde que se confirmó el acuerdo entre Israel y Hamas para la liberación del soldado secuestrado Guilad Shalit , estamos oyendo a figuras de la mencionada organización integrista, asegurando que el joven fue tratado bien “de acuerdo a las normas del Islam” para “prisioneros de guerra”. “Pregúntenle cuando lo tengan de vuelta. El ya les dirá”, dijo entre otros Mahmud al-Zahar, uno de los jefes de Hamas en Gaza.

Amarga alegría

Si conociéramos los detalles de las reuniones en el El Cairo entre David Meidan, el enviado de Netanyahu, y Ahmed Al-Jabari, el jefe militar de Hamas –con la presencia de egipcios y alemanes, y la supervisión de Yoram Cohen, el jefe del Shin Beit–, tendríamos el guión de una película de intriga. Debió ser arduo llegar al acuerdo que implica la liberación del joven israelí Guilad Shalit a cambio de la excarcelación de 1.027 presos palestinos, 500 de ellos con delitos de sangre. Arduo y para los israelíes muy duro de digerir.