Gabriela Acher: autodidacta uruguaya
En la adolescencia llevé mi diario con todas mis angustias. Escribía unos poemas desgarrados, terribles. Y a los 18 años se los llevé a Mario Benedetti para que me haga una crítica. El me dijo “sos muy joven para que te pasen estas cosas, no podes escribir con tanto dolor.” Pero, por otro lado, a la par de esta escritura, el humor me gustaba mucho. Convivía con las dos cosas, quizá porque mi mamá era muy dramática y todo era una preocupación para ella. Este chiste la pinta muy bien: “Mi mamá me dejó anoche este mensaje en el contestador: anda preocupándote, después te explico”. En mi casa se cantaba mucho porque mi papá era cantor litúrgico en la sinagoga.