Un genio en la Suiza de América

Eran otros tiempos, no cabe duda. Una época dorada para un país que recibía visitantes europeos, que se sorprendían con nuestras conquistas sociales y nivel de vida.También para el genial físico alemán eran horas felices: en la cumbre de su popularidad, con un Premio Nobel a sus espaldas y un aura de genio humilde que le abría todas las puertas.Pero no todas eran rosas para el inventor de la Teoría General de la Relatividad. Discutido científicamente a pesar de sus éxitos, perseguido a raíz de su origen judío, odiado en general por todos los militaristas del mundo que detestaban su pacifismo, encontró en Montevideo, según sus propias palabras, “un remanso de paz y calidez humana”, que no sintió, según consigna en su diario personal, en Buenos Aires.Einstein estuvo varios días en Uruguay dictando conferencias donde intentó explicar a expertos y novatos, la teoría que cambiaría la manera de mirar el universo de ahí en más.

A la tierra prometida

Pasaron 13 años entre el descreimiento total y la confianza absoluta. Entre la resistencia feroz y el sueño cumplido. Becky Sabah lo cuenta con la claridad del que fue testigo y protagonista a la vez. En 1998, cuando entró a la Comunidad Israelita del Uruguay (o «Kehilá») para dirigir la recién abierta Área de Discapacidad, los primeros tiempos fueron cualquier cosa menos fáciles. La idea era abrir un espacio cultural especialmente dirigido a discapacitados. Con el objetivo de hallar interesados, se solicitó entre instituciones judías que enviaran datos de todas las personas con discapacidad -ya sea física, intelectual o psíquica- que conocieran. Becky se ocupó de llamar por teléfono a cada contacto que llegaba. Las primeras respuestas frente a la oportunidad de tener un espacio propio y estimulante pensado para ellos eran siempre igual… de negativas. «¡¿Quién denunció que en esta casa hay un discapacitado?!», recriminaban. «Denunció». Como si la palabra fuera una acusación. Pero a la psicóloga Sabah nadie le tiene que explicar lo que se siente ser discapacitado: ella es cuadripléjica desde niña.

La margarita deshojada de la primavera egipcia

La semana pasada dedicamos nuestro boletín a Egipto. Queremos agradecer todas las cartas recibidas felicitando al equipo de Infomedio por esta edición especial. Era necesario señalar lo que sucede en Egipto, donde los Derechos Humanos están cada vez más torcidos. La igualdad es ciega, sorda y muda. La justica camina con paso militar al ritmo subrepticio del tambor que baten las fuerzas armadas del país. La esperanza de los egipcios de un país libre y democrático comienza a transmutar en desaliento y temor. La caída de Mubarak, lejos de abrir espacio a una realidad más democrática, ha empeorado. La Junta Militar sigue firme. No abandonará un poder del que disfruta desde hace más de medio siglo. Siguen impunes a pesar de la represión y las acciones de violencia pública que han ejercido con extrema dureza en las últimas manifestaciones en Tahrir. Decenas de personas murieron a golpes. Y los militares siguen allí inamovibles. Libres de juicio y condenas.

Un burka para Amnistía

Ya hace tiempo que algunas organizaciones de derechos humanos que tenían prestigio han derivado en plataformas de agitación que usan dicho prestigio para vender pura ideología. Convertidas en el último refugio solvente de la izquierda fuera del sistema, su nombre aún enciende focos, pero sus palabras apagan esperanzas. Personalmente me resulta triste ver esta derivada hacia la ideologización más burda de entidades como Amnistía, cuyo verbo de antaño esperábamos como agua de libertad. Pero ese tiempo pasó, y hoy Amnistía juega a la política desde fuera de la política, y lo hace de la forma más taimada: escondiéndose detrás de datos pretendidamente objetivos. Sin embargo, se nota tanto el cartón de sus obsesiones, que cae todo el decorado.