Un tesoro robado a los judíos

Pocos días después de haber sido designado, personalmente, por el psicopático dictador Adolf Hitler, el comandante en jefe del ejército del aire nazi (Luftwaffe) Mariscal de Campo Hermann Goering (Der Dicke), ocupó su “imperial” despacho y se dio a poner en práctica los descabellados planes que su mente desequilibrada por las drogas y el alcohol elucubró con antelación, cuando apenas solo soñaba con dominar Europa. Goering reunió a los más importantes críticos, maestros, restauradores, escritores y conservadores de arte que en ese momento tuvo al alcance de su poderosa e implacable mano.