Dios y el destino así lo quisieron.
Un 16 de julio-precisamente cuando se cumplía
el 65 aniversario de la memorable gesta- nos dejó el último de los leones de
Maracaná. El que, por si fuera poco, hizo el gol de la victoria.
Maracaná: un hito en la historia de nuestro
país.
Porque en éste país el fútbol es una parte muy
importante de la identidad de los uruguayos.
Si no se entiende esto, es imposible
comprender el profundo dolor, la congoja por el fallecimiento de Alcides
Edgardo Ghiggia. Si no se entiende esto, no se comprenderá porqué a Ghiggia y a
sus compañeros de gesta se los denomina «héroes».
Su tan lamentado deceso revivió la gesta de
Maracaná.
Una de las más gloriosas -no quiero decir la
más, considero sería injusto a la notable generación de los Olímpicos- de la historia
del fútbol uruguayo y mundial.
Y en aquella hazaña, la estrella de Ghiggia
brilló con luz propia.
No lo ví. Solamente filmaciones, artículos,
comentarios, relatos que siguen resonando en mis oídos, escuchando a los
grandes Duilio de Feo, Cheto Pelicciari, y Carlos Solé entre otros.
«Avanza el veloz puntero derecho
uruguayo…el gran puntero derecho uruguayo…», vibraba Solé.
Y luego el grito que llena la garganta más que
ningún otro…
Si la hazaña de Maracaná la capitalizamos, si
nos hizo bien o mal-de todos modos es muy bueno que forme parte de nuestra
historia- es, aunque colateral, otro tema.
El fallecimiento de Ghiggia fue ampliamente
abordado por la prensa del mundo, también por la prensa brasileña en general.
No olvidemos que el Brasil de Maracaná -si bien presagiaba un festejo
anticipado- al tiempo que vivió la derrota como un desastre nacional, ya en
aquel momento manifestó respeto y hasta cierta admiración para los vencedores,
entre los cuales, tal como le decían, «Obidulio».
El mismo respeto que demostraron tener
nuestros grandes jugadores por el gran scratch brasileño. Comenzando por el
mismo Obdulio.
¿Otros códigos? ¿Otros tiempos?
Además, los grandes protagonistas de esta
historia -todos los jugadores celestes lo fueron- nunca hicieron mucho
«ruido» por esta gran hazaña. Por el contrario: con el paso del
tiempo,
la mayoría prefería no seguir hablando de
ella.
Muchos
de ellos también, como es sabido, se fueron de este mundo en silencio,
terminando sus días con privaciones y dificultades, en suma pobreza.
La compensación material apenas si existió.
De todos modos, siempre disfrutaron del
cariño, afecto y reconocimiento del pueblo uruguayo y también del fútbol
mundial, lo que no es para nada menor.
Se me «pianta un lagrimón» al
escribir estas lineas.
Alcides Edgardo Ghiggia, ícono, emblema.
Humilde.
Símbolo de una época quizás.
Pasó a la inmortalidad.
No me gusta decir «el hombre que
silenció»-es decir que entristeció- Maracaná.
Prefiero decir «el hombre que le dio una
gran alegría a nuestro Uruguay». Por la positiva.
El último de una gran generación de
futbolistas -no solamente «garra», que sin duda la había: eran
grandes futbolistas -liderada por el gran Obdulio.
El gobierno y el pueblo uruguayo le tributaron
la despedida, el homenaje que se merecía.
Partió un 16 de julio. Algunos dirían
«como no podría ser de otra manera».
Dios, el destino, así lo quisieron.
Ya es parte de la eternidad.
Inclinemos con respeto y reverencia la cabeza.
Salve, gran campeón!
Lic.
Rafael Winter (Rufo)
Una estrella rutilante en el firmamento celeste
20/Jul/2015
Por Lic. Rafael Winter (Rufo), de Copredi