Maher al Assad, hermano menor del presidente Bachar, dirige con particular crueldad la defensa de la saga siria
FRANCISCO DE ANDRÉS
Día 03/07/2011
Con sus promesas rotas de reforma democrática, el presidente Bachar al Asad ha creado una profunda decepción dentro y fuera de Siria. Pero el que mantiene intactos genio y figura es su hermano menor, Maher al Asad, de 43 años, auténtico brazo ejecutor de la brutal huida hacia adelante de la dictadura.
Los tres meses de protestas populares han causado casi 1.500 muertos en una espiral imparable de violencia. Maher al Asad, comandante de la elitista Cuarta División y de la Guardia Republicana, aparece siempre detrás de los sucesos de represión más cruel. Un vídeo que ha tenido amplia difusión en la red parece mostrarle al frente de sus hombres filmando con sus teléfonos móviles los cadáveres.
Todos señalan en Siria a Maher como «jefe de orquesta de la represión». En un clásico juego de reparto de papeles, su hermano mayor, Bachar «sería el estadista, el político honorable partidario de las reformas», y Maher «el encargado del trabajo sucio», afirma Joshua Landis, experto en Siria y profesor de la Universidad de Oklahoma.
Sea o no cierto, el núcleo del poder sirio parece encantado con la reputación de Maher al Assad como látigo de la disidencia siria. Y parece incluso alimentarla.
La trayectoria de Maher al Asad está llena de sombras, tal como estableció su padre, Hafez al Assad, que impuso la discreción a todos sus hijos. El creador de la dictadura dinástica siria eligió como sucesor al mayor, Basil. Cuando éste murió en un accidente de coche en 1994 todos se fijaron en Maher. Pero el astuto Hafez llamó de Londres a Bachar, que carecía de formación militar y de ambición política.
El espejo de Hama
Los analistas suelen hacer un paralelismo con la propia trayectoria del «León de Damasco». Cuando los islamistas se levantaron en 1982 contra la dictadura laica del partido Baz, vinculada además a la minoría musulmana alauí, quien dirigió la represión y la matanza de más de 10.000 sirios en la ciudad de Hama fue el hermano menor de Hafez, Rifat. Aquel trágico episodio pudo servir de inspiración a Hafez para asegurar el futuro del «patrimonio familiar»: el circunspecto odontólogo Bachar como rostro del régimen, y el inestable pero metódico y cruel Maher para el control de la inteligencia y los servicios de seguridad de la dictadura.
Antes del estallido de las revueltas árabes y del contagio a Siria, Maher al Asad se había forjado ya una reputación de violento. Se le acusa de haber herido con su arma reglamentaria a su cuñado Asef Shawket, entonces jefe de la inteligencia militar, y de estar implicado en varios casos de corrupción pública que fueron pronto sobreseídos por el régimen. Maher al Asad es, además, uno de los primeros sospechosos en la investigación del asesinato del primer ministro libanés Rafiq Hariri. Aquel magnicidio cambió por un tiempo los equilibrios políticos en la región, aunque la entrada de los radicales de Hizbolá en el gobierno libanés vuelve hoy a abrir las puertas al control sirio sobre Beirut.
Maher al Asad juega también, como jefe de la Cuarta División del ejército, un papel para muchos siniestro en los últimos acontecimientos de la revuelta siria, y en particular en las presuntas matanzas de soldados a manos de insurgentes. La mayor parte de los reclutas proceden de zonas rurales suníes, las más levantiscas en las protestas contra la dictadura y donde se han detectado durante estos muchos casos de soldados que desertan tras ser enviados a disparar contra los civiles.
Un trabajo sucio en familia
04/Jul/2011
ABC España, Francisco de Andrés