Un tesoro robado a los judíos

16/Dic/2014

Por Israel

Un tesoro robado a los judíos

Pocos
días después de haber sido designado, personalmente, por el psicopático
dictador Adolf Hitler, el comandante en jefe del ejército del aire nazi
(Luftwaffe) Mariscal de Campo Hermann Goering (Der Dicke), ocupó su “imperial”
despacho y se dio a poner en práctica los descabellados planes que su mente
desequilibrada por las drogas y el alcohol elucubró con antelación, cuando
apenas solo soñaba con dominar Europa. Su estado de excitación permanentemente
exacerbado, lo arrastraba a una furibunda pasión ególatra que le impulsaba a estar
autoconvencido de ser un gran amante y conocedor de todas las manifestaciones
del arte y la belleza. Hermann Goering ocultaba entre sus costillas la
pantagruélica ilusión de poseerlas todas.

Tal así,
que una de las primeras órdenes que impartió a sus subordinados inmediatos, fue
la de reclutar la mayor cantidad posible de expertos, críticos de arte y
maestros en la materia que estuviesen en territorio nazi y con ellos organizar
una unidad paramilitar de formación especial, unidad compuesta íntegramente por
los más famosos expertos artísticos de Alemania, con la condición de una total
fidelidad al régimen nazi.

Goering
reunió a los más importantes críticos, maestros, restauradores, escritores y
conservadores de arte que en ese momento tuvo al alcance de su poderosa e
implacable mano y transformó este grupo de hombres, máximos diletantes de la
belleza artística, en una jauría de rapaces de aspecto militar, unidad que fue
conocida bajo el apelativo “die kuntsfarshtendeguer”, y la destinó a ocupar
puestos de acción en todas las ciudades importantes de los países de la Europa
sometida, con la expresa misión de detectar y apoderarse como botín de guerra a
toda obra de arte que hallasen a su paso. El botín acumulado a fines de la
guerra, podría contabilizar millones de piezas artísticas que incluyeron
pinturas y estatuas, amén de joyas y otras piezas de gran valor que en muchos
de los casos pertenecieron a mansiones y palacios de antiguas realezas, o
iglesias y catedrales con especial dedicación a sinagogas y hogares en los que
moraban judíos.. Las principales víctimas de estos atracos desalmados, fueron
evidentemente los judíos, aunque en muchas iglesias, notaron la desaparición de
“alguna que otra” virgencita de oro.

A raíz de
una sospechosa oferta de venta de un importante lote de obras pictóricas en
Múnich que por su calidad, cantidad y valor monetario solicitado (varios
cientos de millones de Euros), los propietarios de las galerías de arte
informaron tal novedad a las autoridades impositivas y a la policía de Baviera,
quienes ordenaron una investigación minuciosa acerca el origen de aquel
misterioso tesoro.

El
operativo policial , apoyado por elementos de la autoridad impositiva y
personal judicial que venía investigando el tema desde mucho tiempo atrás,
condujo a las fuerzas del orden hasta las puertas del domicilio de Herr
Cornelius Gurlitt, arquitecto alemán nacido en la ciudad de Dresde, gran
diletante y enamorado de las obras pictóricas.

En los
salones de su casa, fueron halladas 1.800 piezas artísticas de gran valor.

El
Reparto ahora es legal. II

Cornelius
poseía en su domicilio,encerrado a “cal y canto” un verdadero tesoro del arte
compuesto por 1.800 obras maestras que comprendían trabajos de Picasso,
Matisse, Chagall, Van Dick y muchos otros; un elevadísimo porcentaje de ellos,
habían sido arrebatados a judíos de toda Europa, quienes terminaron sus vidas
en los crematorios.

Cornelius
Gurlitt fallece a la edad de 81 años y curiosamente, su testamento especifica
que su último deseo es donar las obras al Museo de Bellas Artes de Berna,
Suiza, a efectos que en él se depositen todos “sus” cuadros y alli sean
cuidados.

Cabe
señalar como otra curiosidad informativa, que el progenitor de Cornelius fue
uno de los componentes de unidad de “recolectores de piezas artísticas” creada
por Goering .

Imagen
del Tratado en Berna

Repentinamente,
aparece una ciudadana alemana de nombre Uta Werner, de 86 años de edad, que
dice ser prima carnal de Cornelius y que reclama ser heredera legítima e imputa
la autenticidad del testamento ante la Suprema Corte Germana.

Mientras
tanto, el día 22 de noviembre de 2014, la comisión directiva del Museo de Berna
se reune con las autoridades alemanas y decide recibir “en cuidado” la
colección bajo el compromiso con los germanos- que pretenden mejorar su imagen
de nazis asesinos y que fueron quienes provocaron la mas grande tragedia de la
historia – de establecer una “comisión de expertos de arte y letrados
judiciales”, a efectos de buscar herederos de aquellos que fueron los
propietarios desfalcados y restituirles sus propiedades.

Y esta es
la solución para este canallesco desfalco : UNA NUEVA COMISION DE EXPERTOS…!

Pasaron
70 años desde que los funcionarios se repartieran el botín…,

Poniendo
en práctica un “blanqueo” con aspecto oficial y legal y hasta humanista, aunque
es Vox-Populi que en casi la totalidad de museos de Europa se exhiben con todo
desparpajo obras que fueron arrebatadas a judíos antes de ser conducidos a su
criminal exterminio.

Esa nueva
comisión de expertos. ¿Demorará otros 70 años en encontrar algun verdadero
propietario…?