Un recuerdo para Sara Lichtenstejn (Z’L)

08/Abr/2019

por Prof. Oscar Destouet

Un recuerdo para Sara Lichtenstejn (Z’L)

Escribe Oscar Destouet en su Facebook: «Hoy murió una gran mujer, luchadora inquebrantable, judía, frenteamplista, buena gente y solidaria como pocas. Nos encontramos por primera vez hace más de 30 años y fue una amiga de fierro. Sara Lichtenstejn era su nombre. Fue maestra y gestora cultural. Enfrentó la dictadura y en 1975 fue presa en el marco del Operativo Morgan. Sufrió una saña especial en la tortura, además de la pica eléctrica y las colgadas incluso del pelo le ponían varios ponchos para someterla a un calor asfixiante y deshidratarla.
Relató en su testimonio que llevaba una campera de cuero marrón al momento de la detención y en el Cuartel el oficial al mando ordenó a toda la tropa (se calcula unos 200 individuos) que le pegaran en la espalda, escucho varias veces al oficial gritar que el golpe debía ser en el centro. Desconocía el por qué. Más tarde se enteró, le habían dibujado una estrella de David para identificar que era judía y sobre ese dibujo los soldados debían pegar.
Estuvo presa entre 1975 y 1981 saliendo en libertad desde el Penal de Punta de Rieles. Cuando un Rabino de Nuevo York quiso interceder y sacarla para el exterior se negó, no quiso irse de Uruguay. Fue fundadora del Museo de la Memoria e integró sucesivamente su Comisión Directiva o Fiscal. Desde hace años estudiaba idish más que para saber para reencontrarse con sus raíces.
Cuidó con gran celo y cariño su herencia familia, unas cartas y una postal enviadas desde el Ghetto de Varsovia con el matasello nazi de los años anteriores al total aislamiento. Están escritas en polaco, idish y hebreo. De su familia europea solo sobrevivió un tío que hasta su muerte residió en París. Su hermana Rosa, también ex presa política falleció hace unos años. Hoy todos junto a su querido Alfredo Zitarrosa se habrán encontrado. Chau Sara.»
Compartimos junto al recuerdo de Oscar, una entrevista que publicara Montevideo Portal en el año 2013, realizada por la periodista Ana Jerozolimski.
Nota:
Sara Lichtensztajn, hoy de 70 años de edad, estuvo presa durante 34 meses, por su militancia comunista. La vida pudo más, resume hoy.Pero en aquel momento, sabía que existía la posibilidad de morir.
P: Sara, se cumplen 40 años del golpe de Estado en Uruguay, comienzo formal de la dictadura que te llevó presa. ¿Cómo recordás aquellos años?
R: Ana… nunca dejas de sorprenderte, así hayas oído mucho hasta dónde es capaz de llegar el fascismo. En el marco de las detenciones realizadas por las Fuerzas Conjuntas y como parte de la política de terror que atravesó casi toda la población, se practicaron torturas físicas como sicológicas, tratos crueles, inhumanos y degradantes contra todas las personas privadas de libertad, en las más inhumanas condiciones de detención. Fuimos detenidos hombres y mujeres, estudiantes y trabajadores, familias enteras, sin tener en cuenta la edad. Todos fuimos sometidos al submarino húmedo o seco, a la picana en todo el cuerpo, agresiones sexuales, manoseos, golpizas, plantón, privación del sueño, colgada, caballete y mucho más. Yo fui colgada entre otras cosas con los brazos hacia atrás y fui descoyuntada, lo que determinó la compresión de la médula por vértebras cervicales, algo que me provocó falta de sensibilidad y descoordinación motriz. Tuve que operarme ya que sin eso ya no podía ni escribir, no tenía sensibilidad en brazos ni piernas e iba a una silla de ruedas. El BPS determinó mi incapacidad física. El grito y hostigamiento fueron permanentes.
P: Yo no conocía tu caso, tu historia de vivencias durante la dictadura y cuando un amigo con quien me asesoré de cara a este número especial de Semanario Hebreo me contó de ti empezó a darse una cadena de contactos y anticipos de relatos muy fuertes. Una de las frases que apareció en ese proceso fue que tú fuiste protagonista del mayor acto antisemita de la dictadura, o algo similar. Imagino que sin saber los detalles de todos los demás casos, no te animarás a hablar del tuyo en superlativo ¿pero te animas a compartir con nosotros esa historia?
R: Cuando fui presa bajo la dictadura, fue la primera vez que sentí que me discriminaban por ser judía. Me gritaban «¡Te falta ser negra!». Cuando me detuvieron, me pegaron en la campera que tenía puesta un leuco que decía: «Ojo, judía de mierda! Firmado: Oscar 1». Finalmente logré despegarlo. Lo guardé algún tiempo y me pusieron otro que debía «Judía de mierda. ¡Muerde!».
P. Entiendo que esa firma era una especie de código o sobrenombre.
R: Así se identificaban: Oscar 1-2 -3—7 Oscar 1 era el Coronel Ernesto Ramas, que luego fue preso y procesado por delitos de Violación a los Derechos Humanos. Pero te aclaro que por supuesto no fui la única a la que la llamaban así, también a otras compañeras y compañeros. Éramos muchos de origen judío en la caída del Partido Comunista, algunos de los cuales están desaparecidos. Conozco compañeros que en el penal de Libertad se los sacaba en invierno al patio en ropas menores, sólo por ser judíos.
P: En medio del trauma que supongo será una detención… ¿llegaste a sorprenderte por el ataque antisemita? ¿Pensaste que tu condición judía tenía algo que ver con el hecho que estés en la cárcel?
R: Yo fui detenida en noviembre de 1975, muy poco tiempo después del fallecimiento de mis padres. La detención fue en el marco de la Operación Morgan, tal cual se llamó a la operación contra la militancia del Partido Comunista. El Golpe había sido en el año 1973, con la disolución de las cámaras y la heroica huelga general. El fascismo se había instalado y nadie estaba libre de ser detenido.
P: ¿La condición judía era un tema presente en tu casa? ¿Era algo claro para ti?
R: Yo tengo clarísima mi condición de judía. Fui a la Escuela pública y a la escuela idish desde el jardín de infantes Al jardín del Zhitlovsky de Goes y luego inaugurado el Edificio de la calle Durazno en el centro, hice la escuela ahí. Vivía en Villa Muñoz y en mi casa se hablaba idish. Mis padres que me hicieron pensar con cabeza propia ,me hicieron conocer todo desde la historia del pueblo judío y su cultura ,así como el significado de sus costumbres .Y claro que también iba a la escuela, así que ahí también aprendí mucho.
P: ¿Por qué te llevaron presa? O quizás mejor ir hacia atrás, saber un poco de tu historia antes de la cárcel, de tu vida hasta el golpe.
R: Yo estudié magisterio-soy maestra- y al mismo tiempo trabajaba en una fábrica textil, que era de mi padre. Empecé la militancia gremial y política desde muy joven, desde que ingresé al IAVA ( en esa época, preparatorio). Era una persona común y corriente, que además de estudiar, trabajar y militar iba al cine, teatro ballet y hacía deporte! Tenía amores. A veces hasta me pregunto cómo me daba el tiempo para todo….Era bolichera y tenía muchos amigos… los sigo teniendo hasta hoy. Yo era militante del Partido Comunista, al igual que mi hermana Rosa, que era arquitecta y que falleció hace ya siete años. Nos detuvieron a ambas en el marco del operativo Morgan. Mi casa queda ocupada durante 8 meses, saqueada. Salió en todos los diarios. ¡Cómo no iba a salir si vivía en Carrasco! Creo que pensaron en quedarse con ella así como con el auto de mi hermana (¡botín de guerra!) Todo esto lo tengo documentado y denunciado.
P: Los robos en casas y a familias que estaban en buena posición y que iba presa, fueron un fenómeno conocido…
R: Así es. Era la casa de mi familia. También robaron muchísimo en la fábrica , aunque las máquinas quedaron. Pero no sólo en casa de buena posición, arrasaban con todo, hasta en casas modestas… por supuesto libros y todo lo que tuvieran adelante.
P: Claro… en casas de mejor posición simplemente tenían más que robar. Cuando fue el golpe de Estado… ¿sentiste que era cuestión de tiempo hasta que te pasara algo, temías que llegaran a detenerte?
R: Yo no hice nada relevante ¡pero todos estábamos bajo sospecha! No me la tiro de inocente, yo milité por la institucionalidad del país. Ya había destituciones y categorías de ciudadanos en A B C.
P: Es interesante esta expresión que usaste Sara, que no te la tirás de inocente… el tema es que hay situaciones que pasan sólo por lo político e ideológico. Y sin ser jurista se me ocurre como concepto muy básico, que la única justificación posible para que vayas presa en detención legítima, era si habías incurrido en actos violentos. Entiendo que eso no estaba incluido en tu militancia «por la institucionalidad», tal cual la has planteado.
R: El solo hecho de pensar era un delito.
P: ¿Cómo fue tu vida en prisión? ¿Cuánto tiempo estuviste?
R: Estuve presa 34 meses. Salí en julio de 1978 y me quedé en el país por más de un año con Libertad Vigilada yendo a firmar cada 15 días y luego con visitas esporádicas de los militares a mi domicilio hasta fines del 84. Las condiciones de reclusión fueron muy duras para todos: la falta de higiene, el hambre, el hostigamiento, el trabajo forzado en Punta de Rieles sin poder levantar la cabeza, ni tomar agua, trabajo al que obligatoriamente te mandaban. Y ver a tu familia sólo 24 horas al año… si es que no estabas sancionada. Alguna vez hasta me recordó a Buchenwald que había conocido de joven. Me habían pedido 30 meses de penitenciaria (que quiere decir que no es excarcelable) a diferencia de los mismos 2 años y medio de prisión, pero el fiscal era antisemita. De cualquier manera toda pena o sanción en esas condiciones era arbitraria.
P: ¿Lo del fiscal lo decís por tu interpretación de su actitud o por otras cosas que sabías sobre él?
R: Lo sé por información que me trasmitieron varios abogados que lo conocían bien, era público su antisemitismo.
P: Y claro que aquí no cuentan sólo los tiempos sino lo que viviste adentro.
R: Por supuesto. Yo pasé 40 días en la tortura, después en el cuartel de Artillería nº 1 el la Paloma Cerro unos 8 meses y luego ya procesada al Penal de Punta de Rieles. Mi hermana estuvo también en el 300 Carlos y en artillería hasta el 6 de agosto de 1976, justo nueve meses. Todo, sin proceso, por medidas prontas de seguridad. Cuando salió, parecía que había estado en un campo de concentración… como estábamos todos. La cárcel no es fácil, sobre todo los primeros momentos, y mucho depende en cómo te plantes en el tema. Mi hermana estuvo los 9 meses incomunicada, vendada y sentada en un colchón, después de la tortura, sin poder hablar con nadie.
P: ¿Cómo sobreviviste Sara? ¿De dónde vienen las fuerzas para no darse por vencido a pesar de la tortura?
R: Depende de cómo tu cabeza y tu corazón se plantan en el tema. Yo sabía que no era una víctima individual. No pudieron destruirme. Además, por mi gente, por mis compañeros, había que estar bien. No sé si en el momento esto fue tan razonado, pero sí me sirvió mucho haber sido coherente.
P: ¿Pensaste que ibas a morir?
R: Sabía que todo podía ser. Amenazaron con fusilarnos. Todo era posible. Durante la prisión, vivimos todo el tiempo sometidas a presiones, alarmas y mucho más.
P: ¿Te hiciste alguna promesa estando en prisión… algo de lo que te aferraste mientras estabas privada de tu libertad?
R: Más que una promesa, un compromiso: denunciar lo que estaba pasando, luchar por la Verdad y la Justicia y no parar hasta que se condene a los responsables y se sepa toda la verdad.
P: ¿Qué haces hoy en día?
R: Desde que salí de la cárcel me he dedicado a seguir estudiando y trabajando. Ahora estoy en temas sociales y de Derechos Humanos. Y en este momento estoy haciendo un curso de idish. Además,estoy ocupada con el tema de cartas de mi familia que salieron del Guetto de Varsovia y Bialestok. Me las están traduciendo. Además tengo algunos proyectos referidos a la vida de mis padres y su barra, cuando llegaron al Uruguay.
P: Me gustaría que me cuentes un poco más al respecto…¿A qué te referís que estás con las cartas? Percibo que no es sólo para poder leerlas…
R: Son cartas que llegaron desde los guettos, que son de esas cosas que quedaron en mi casa y que si bien son de mi familia, me trascienden y creo que ya no me pertenecen, son documentos de la Humanidad.
P: Tenés mucha razón…
R: Creo que son documentos que no quedaran en un cajón. No son sólo para poder leerlos. Creo que son parte también de la memoria de la Humanidad que no pueden ni deben perderse.
P: ¿Todos estos proyectos tienen algo que ver con la necesidad, después de lo que viviste, de aferrarte a tus raíces, de controlar por ti misma tu historia?
R: Siempre esos temas me interesaron, nací en plena guerra y la búsqueda de los familiares y haber participado de muchas actividades, como niña haciendo colectas, ver a mis padres en los movimientos antifascistas, toda lucha por la Paz y contra el fascismo, son parte de mi formación. El haber tomado el tema de las cartas, siempre estuvo en los planes de la familia, pero un día hay que decidirse, dejé otras cosas de lado y me puse a encararlo.
P: ¿Te parece que la Sara de hoy es muy diferente de la que habría sido sin aquellos años oscuros en la historia del país?
R: Las dictaduras no son gratuitas. Yo sé que dejan marcas visibles e invisibles, pero ¡la vida puede más! Y la Sara de hoy sigue siendo Sara, con todas sus marcas, pero quizás un poco más paciente.
P: Lo esencial es invisible a los ojos, dice «El Principito» y parafraseándolo te preguntaría si hay algo que la cárcel logró arruinarte… o lo principal quedó contigo para siempre.
R: Lo fundamental se quedó conmigo para siempre… A pesar de todo, de la dureza y crueldad de la cárcel, yo como persona no cambié. Claro que no tengo ya los 32 años de cuando caí… tengo más canas, más arrugas, más marcas… pero no perdí las ganas de vivir ni la alegría, ni mis amigos ni mis mejores afectos. Fue difícil salir y no tener a la familia conmigo, porque como te conté antes, mis padres habían fallecido, pero empujamos hacia adelante… y aquí estoy.