Cada año por estas fechas llega un día en el
que podemos mostrar con orgullo nuestro apoyo a Israel. En este día, dejamos (o
al menos lo intentamos) a un lado nuestras diferencias acerca de nuestra patria
judía y celebramos su existencia. El Día de la Independencia de Israel nos sirve
para recordar que Israel es algo que no debemos dar por sentado: hace tan solo
unas décadas no disfrutábamos de un hogar así y las consecuencias fueron
trágicas.
Sin embargo, 67 años después de su creación,
¿podemos decir que Israel es independiente? ¿Podría Israel prescindir de la
ayuda militar y financiera de los Estados Unidos? ¿Podría prosperar sin
exportar sus bienes y servicios a todo el mundo, o importarlos de todo el
mundo?
Israel no es el único en esta dependencia.
Todo el mundo es interdependiente. Hasta los poderosos Estados Unidos de
América pasarían por muchos aprietos si no fuera por sus relaciones con China,
Japón, India y Europa. Pero, aunque no exista la independencia, sin duda hay
una forma de que podamos sentirnos seguros y protegidos. Y aquí es donde
nosotros, los judíos, podemos destacar.
Nuestra nación se estableció sobre el
principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo” –cuando nos unimos “como un
solo hombre con un solo corazón”– y sentamos un precedente al instaurar una
sociedad basada en la solidaridad mutua. El mundo de hoy necesita solidaridad
mutua mucho más de lo que la necesitábamos en aquel entonces. Todas las
naciones dependen de las demás naciones; y sin embargo, todas se empeñan en
hundir a las demás como si esto no las destruyera en el proceso. Si una de
ellas lo lograra, el resto de países se derrumbaría como un castillo de naipes.
Pero ¿qué pueden hacer las naciones? Si no fomentan la solidaridad mutua, ¿qué
otra cosa pueden hacer sino fomentar la animosidad mutua?
Ahí es donde los judíos entramos en escena. El
aumento global del antisemitismo es una pesadilla que podemos convertir en
bendición si actuamos acertadamente. El mundo nos acusa de estar utilizando la
solidaridad judía para promover los intereses de Israel pero, en vez de rehuir
de ella, debemos exhibir esa solidaridad: tenemos que dar un ejemplo de unidad.
Si dejamos de deshacernos en disculpas y le explicamos al mundo que esta unidad
es la forma de vida para todas las naciones, la humanidad nos escuchará.
Le hemos dado al mundo muchos logros, en un
número mil veces mayor que la pequeña cifra de población mundial que representa
el pueblo judío. Y sin embargo, el mundo no lo celebra. Le hemos dado al mundo
la idea de amar al prójimo como a uno mismo. Y el mundo abrazó esta idea, pero
no pudo implementarla.
Esta capacidad de amar a los demás es el
obsequio que desean de nosotros. Así que una vez más debemos esforzarnos para
lograrla y compartir esta sabiduría con ellos. Lo único que el mundo pide es
ser testigo de nuestra unidad. Cuando nos unamos, no para prevalecer por encima
de los demás sino para prevalecer por encima de nuestras propias disputas, nos
convertiremos en “luz para las naciones”: un rayo de esperanza para que el
mundo sea un lugar donde todos puedan sentirse felices y seguros. Un mundo
unido.
Ese será nuestro verdadero Día de la
Independencia.
Un Rayo de esperanza en este Día de la Independencia de Israel
22/Abr/2015
United with Israel, Por Michael Laitman