Tiene mucho que
enseñarnos a los occidentales (empezando por su desafortunado homólogo
británico, el príncipe Carlos), si es que quisiéramos escucharle. Sí, algunos
líderes occidentales hablan de enfrentarse a la ideología islamista, pero la
mayoría evita el tema tirando de eufemismos, ofuscación y cobardía. Los que
resultan más frustrantes son los líderes (como Tony Blair) que pronuncian
enérgicos discursos sin llevarlos a la práctica.
El príncipe Salman, de 45
años, ampliamente reconocido como el mayor reformista de la Familia Real
bareiní, inicia sus observaciones señalando la inexactitud de la expresión
guerra contra el terror. “Ha llegado el momento de que nos libremos” de una expresión
que se remonta al 11-S, dice. “Resulta algo equívoca, no abarca la totalidad de
nuestro conflicto”, sino que es simplemente un “instrumento” y una táctica.
Prosigue, en su impecable
inglés, situando el actual conflicto en su contexto histórico:
Si pensamos en el siglo
pasado, entonces nos enfrentábamos a un enemigo muy distinto. Hicimos frente al
comunismo, y lo hicimos unidos. Pero cuando nos enfrentamos al comunismo lo
entendimos como ideología. El terrorismo no es una ideología.
“No sólo estamos luchando
contra terroristas, sino contra una teocracia”, señala. Tal y como emplea el
término, los teócratas son hombres “situados en la cúspide de una ideología
religiosa y que tienen el poder, por disposición religiosa, de privar a alguien
de su vida en el Más Allá, y usan ese poder religioso para beneficiarse
políticamente”. También son tiranos, aislacionistas y misóginos, y se les
deberá combatir “durante mucho tiempo”. Los ridiculiza por ser “muy del siglo
XVII”, y por “no tener sitio en nuestro moderno siglo XXI”.
Salman insta a descartar
el concepto guerra contra el terror y a “centrarse en cambio en la verdadera
amenaza, que es el auge de estas perversas teocracias”. Para ello, propone
sustituir guerra contra el terror por la fórmula siguiente: guerra contra los
teócratas. Espera que ese concepto haga posible “comenzar a aunar las políticas
militares, sociales, y puede que incluso económicas, de manera holística para
contrarrestarlo, como hicimos con el comunismo”. En la que quizá sea la frase más
destacable de su discurso, afirma:
Es la propia ideología la
que debe ser combatida. Debe ser nombrada, deplorada, contenida y, en última
instancia, derrotada.
Hasta ahí, perfecto. Pero
Salman elude la amarga realidad de que la “retorcida” y “bárbara” ideología que
describe es específicamente islámica y todos los teócratas son musulmanes:
“Esta guerra que libramos no puede ser contra el islam (…), el cristianismo
(…), el judaísmo (…), el budismo”. Así, cuando menciona esta ideología, el
príncipe vacila y generaliza. Emplea un torpe neologismo (teocrismo), y luego
se remonta a la Segunda Guerra Mundial con “teocracia fascista”. Rechaza
implícitamente el término islamismo:
dice que no quiere “un debate acerca de ciertos partidos políticos, sean
islamistas o no”.
Yo sostengo que islamismo
es justo el término que busca para referirse a la ideología enemiga, y que
estamos inmersos en una guerra contra el islamismo. Salman comprende bien el
problema: la transformación del islam en una ideología totalitaria; pero se
refugia en la excusa de que tanto el cristianismo como el judaísmo y el budismo
sufren del mismo mal. Es mejor que él, y otros musulmanes francos, acepten la
inevitable realidad de que sólo el islam alberga una tentación totalitaria.
Desde el punto de vista
positivo, las observaciones de Salman se encuadran dentro de una creciente
tendencia entre los políticos musulmanes a enfrentarse directamente al peligro
islamista. Éstos son dos ejemplos recientes:
En lo que supone un
importante paso adelante conceptual, el Gobierno de los vecinos Emiratos Árabes
Unidos ha incluido al Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (CAIR) y a
muchos otros grupos no violentos en su lista de organizaciones terroristas,
debido a que se dedican a incitar a y financiar el terrorismo.
El Gobierno egipcio ha
emitido una orden para que Interpol detenga a Yusuf al Qaradawi, de 88 años, el
muy influyente líder espiritual de los Hermanos Musulmanes, por “incitación y
ayuda a la comisión de asesinatos, ayuda (…) a la fuga de presos, incendio,
vandalismo y robo”.
Esta nueva tendencia
tiene una gran importancia. Como digo a menudo, el islam radical es el
problema, y el islam moderado la solución. Ya podemos añadir a otro influyente
líder, que además es un príncipe heredero, a las filas de los musulmanes que
quieren encontrarla.
Un príncipe árabe denuncia el islamismo
24/Dic/2014
Enlace Judío, Daniel Pipes