Un joven maestro que eligió vivir y enseñar en el Uruguay profundo

08/Ago/2013

La República

Un joven maestro que eligió vivir y enseñar en el Uruguay profundo

FRANCISCO BLIMANInvitó a su casa en Montevideo a sus alumnos para que conocieran la capital.
El paraje Sauce de Solís, está en plena zona rural, cercano a unos 7 km de Solís de Mataojo por ruta 8, aunque para llegar a la escuela rural de la zona se debe ingresar por unos caminos vecinales por lo que si no se tiene un vehículo es muy difícil poder llegar. La gente que reside en toda esa zona, vive prácticamente aislada y dedicada obviamente a las tareas agropecuarias. Allí fue el destino de Francisco Bliman, un joven maestro de 23 años, que ya pasó por una experiencia anterior en Tacuarembó, en Paso de las Carretas. “Igual no se puede comparar la ruralidad de Tacuarembó con esta de Canelones. Acá pese a no haber nada, es más fácil llegar a un centro poblado y a Montevideo donde está mi familia”, dice en diálogo con La República. Escuelas rurales hay muchas y maestros designados un montón.
Lo que lo hace diferente quizás es lo que eligió este joven, aislarse, vivir en soledad, ya que hay unos vecinos a 50 metros, y el resto, el más cercano está a más de un kilómetro y medio. Tiene televisión pero asegura no haberlo prendido nunca desde que llegó a excepción de un partido que pasaron de la selección uruguaya. No utiliza Internet pese a tener un módem y su único contacto con el mundo exterior fuera del horario de clases, es su celular, que prefiere no utilizar mucho.
Lo novedoso no termina ahí, sino que además en esa escuela no tiene casa habitación, por lo cual se las arregla con un colchón en la dirección y para hacerlo aun más diferente, en las vacaciones a costo suyo y con permiso de los padres, obviamente, trajo a nueve (de once) alumnos a Montevideo (la pequeñita de 4 años por mutuo acuerdo con los padres no vino y otra se fue a otro lugar de paseo), los alojó en su casa y los llevó a conocer lugares como el zoológico, el mirador de la Intendencia, cine 3D, la rambla, el Parque Rodó, Maroñas… algo normal y habitual para nosotros “pero totalmente novedoso para estos chicos, que no leen diarios, no miran la tele en algunos casos, porque no cuentan con electricidad”.
El docente vive en soledad y está soltero aunque el año pasado convivió con una pareja, a la que no le convenció la soledad, según confiesa. Por eso sus costumbres difieren de otro joven citadino. Cuando tiene tiempo, ya de tardecita visita a la única familia cercana, que está ocupada en sus tareas rurales, después de la charla, acomoda un par de papeles para el otro día y a las siete u ocho ya está durmiendo. “Y está bueno, te da otra perspectiva; no sé, me gusta estar acá aunque a veces corto la semana y viajo a Montevideo. Ahora me invitaron de Solís a dirigir un equipo de juveniles, por lo que hago otra cosa”.
En la escuela son doce chicos, cuyas edades van de 4 años la más chiquita a 13, desde inicial a sexto grado. Son hijos de las seis familias que han resistido y que todos ellos, hoy adultos estudiaron en la mima escuela, “Del Ceibo”, pero cuando hace tres décadas atrás albergaba 60 alumnos. El desarraigo y las pocas oportunidades del campo determinaron que se fueran a otros centros poblados, la mayoría rumbo a Montevideo. El otro adulto es la auxiliar, Luz Guillén, que hace años trabaja allí, es de la zona y su hija estudió en la escuela. Es la cocinera y más que auxiliar dice pasa a ser la persona de consulta para muchas de las actividades con los chicos.
Bliman confiesa que le pone muchas ganas, ama la profesión pero las condiciones de soledad muchas veces lo hace repensar su situación. “Vengo de una formación en Montevideo donde se le presta poca atención a la didáctica multigrado, diferente a lo que es la formación en el interior, que por necesidades naturales, le prestan otra atención”.
Ese ha sido quizás el mayor problema que ha tenido en esta vida que eligió pero que le pone otra impronta. Se le ocurrió hablar con los padres de los chicos para invitarlos a conocer Montevideo. “Fueron días espectaculares, tres días un grupo y otros tres días, otro grupo. Sin túnica, en un contexto de paseo, de vacaciones, como vecino, sin ser “el maestro”; vieron otra cosa, aunque igual saben que hay otro Montevideo. Obviamente dio para trabajar posteriormente”.
Dato
Sus once alumnos que van de 4 a 13 años pertenecen a seis familias, y salvo una cuyo campo “rodea” la escuela, las otras están a más de un km y medio.