Tras el botín de los bárbaros

27/Oct/2010

El Observador; Juan José Norbis; 27/10/10

Tras el botín de los bárbaros

MIRADOR
Tras el botín de los bárbaros
Miles de personas y decenas de gobiernos se movilizan en procura de recuperar valiosísimas obras de arte robadas por los nazis durante la segunda guerra mundial
JUAN JOSÉ NORBIS DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
27-10-10
Una organización judía de Estados Unidos anunció la publicación on line de un registro de 20 mil obras de arte robadas por los nazis en Francia y Bélgica durante la segunda guerra mundial. Es parte del trabajo de miles de descendientes de familias y gobiernos de países cuyas colecciones artísticas fueron saqueadas por los nazis que redoblan sus reclamos en pos de la aparición de botines multimillonarios, aún después de 70 años de consumado el despojo.
Un ejemplo de esa búsqueda incansable, del rastreo persistente, fue la ex Unión Soviética, donde hasta el fin de los días del comunismo, hasta la reconstrucción de cientos de edificios estaba parada esperando el retorno de riquísimas instalaciones hurtadas.
De visita en la ex Unión Soviética en momentos en que el régimen estaba a punto de derrumbarse, fui guiado en una exhibición en la que se mostraba con orgullo el lujo y los excesos del arte y la arquitectura zarista, preservada por la dictadura del proletariado como museos exclusivos para extranjeros, o morada y oficinas de los miembros de la selecta nomenclatura.
Entre otras maravillas de artistas rusos e italianos, fundamentalmente, y de otros países de Europa, la agenda de visitas incluía el palacio de verano de los zares, paradójicamente ubicado a pocos kilómetros del palacio de invierno, en las afueras de San Petersburgo, entonces aún llamada Leningrado “ciudad héroe” debido al acoso, violencia y destrucción a que fue sometida por las tropas de Hitler. El palacio no se llama así porque quede lindo; es un edificio realmente magnífico, cuya particularidad es la sala de baile de piso de placas de ébano, techo de grandes láminas de nácar y paredes recubiertas de gigantescos e impecables espejos y molduras de oro. Para evitar su desgaste, la sala está reservada a algunos visitantes distinguidos a quienes se proporciona algo parecido a grandes pantuflas para cubrir los zapatos y no dañar el piso. Está rigurosamente prohibido tocar todo lo que quede al alcance de la mano. El comentario recurrente era que también debían proporcionar a los visitantes un analgésico para el dolor que provocaba mirar el fabuloso recubrimiento del techo y, a continuación, la decoración de las paredes, en una actitud más apropiada para seres con cabeza giratoria.
Según explicó el guía del paseo por el fastuoso escenario, todos esos tesoros había sido reubicado en sus sitios originales pocos meses antes, cuando fueron entregados a las autoridades de algún comité de patrimonio que los buscó incesantemente durante medio siglo. Nácar, oro, ébano, espejos, habían permanecido en perfectos embalajes enterrados en algún lugar de Alemania todo ese tiempo. La idea de los saqueadores era montar esos tesoros en un palacio de su país al fin del conflicto, pero el curso de la historia alteró sus planes.
Quienes todavía siguen rastreando en todo el mundo formaron diferentes organizaciones con el fin de dar con enterraderos similares, y lo que es peor: colecciones privadas y galerías que exhiben con orgullo la mayor parte de las obras y objetos robados.
Por ello, el grupo mencionado al comienzo de esta nota publicó fotos de las obras e identidad de sus dueños en el sitio www.errproject.org/jeudepaume. El trabajo iniciado en 2005 consistió en digitalizar las fichas del ERR (Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg), la agencia encargada de confiscar los bienes a los judíos en los territorios ocupados por Alemania durante la guerra.
“Décadas después del saqueo en masa más grande de la historia de la humanidad, las familias expoliadas pueden ahora consultar ese registro que va a ayudarlas a localizar los tesoros perdidos desde hace mucho”, declaró uno de los responsables de la organización.
Añadió que “ahora es responsabilidad de los museos, comerciantes de arte y casas de subasta contrastar lo que tienen con estos registros para determinar si poseen obras de arte robadas a las víctimas del Holocausto”.