Wilhelm Brasse tomó unas 50.000 imágenes en el estudio improvisado en el campo de concentración. Entre los retratos, estuvo el de Czesława Kwoka. “Sus ojos parecían perder la vida antes que sus cuerpos”, contó el fotógrafo. El obturador se cierra. La imagen ya quedó impresa en la película. Lo que sigue es