El odio contra los judíos es “un virus que nunca desaparece del todo, que muta, que se esconde en los pliegues de la sociedad y reaparece cuando encuentra un huésped propicio.” En el Talmud (Yomá 9b) se afirma que el Segundo Templo de Jerusalén fue destruido no por falta de religiosidad, sino por «odio gratuito».