Ante la parodia de la obra de Shakespeare “El Mercader de Venecia”, que tiene un fuerte contenido antisemita, publicamos el posteo que realizara en X el CEO de Grupo Radar Alain Mizrahi.
Vi “El Mercader de Venecia” en el Solís siendo adolescente. La dirigía Eduardo Schinca, con una interpretación brillante de la Comedia Nacional. A pesar de tener sólo 13 ó 14 años me causó una sensación muy desagradable en las tripas, que volví a sentir hoy cuando me forcé a mirar la detestable parodia de “Caballeros”.
Cuando Shakespeare escribió esta obra, ya hacía 300 años que los judíos habían sido expulsados de Inglaterra por Eduardo I. Siempre me sorprendió que se perpetuaran en el tiempo los prejuicios sobre los judíos, al punto que a pesar de que casi no había ninguno desde hacía tres siglos, el mayor dramaturgo de la época escribiera una obra que reúne todos los estereotipos negativos sobre el judío: avaro, codicioso, usurero, etc. ¿Cuánto podía conocer Shakespeare sobre los judíos? ¿A cuántos judíos puede haber conocido? Probablemente ninguno o casi ninguno.
Ah sí, pequeño detalle: pocos meses antes que empezara a escribir El Mercader de Venecia, había sido ejecutado en Londres Rodrigo López, médico personal de la reina Elizabeth I. López era un judío sefaradí que había huido de Portugal. Quedó envuelto en una conspiración para asesinar a la reina, fue acusado falsamente y colgado públicamente bajo los gritos histéricos de la muchedumbre que coreaba “cuelguen al judío!”. Probablemente eso fue lo más cerca que Shakespeare estuvo alguna vez de un judío.
Shakespeare fue uno de los pocos dramaturgos no alemanes permitidos por el nazismo. Se hicieron no menos de 50 puestas en escena diferentes del Mercader de Venecia en los 12 años del 3er Reich en Alemania y Austria.
Que los parodistas “Caballeros” hayan elegido ese clásico mundial del antisemitismo, justo este año, no es casual. Tienen toda la libertad de hacerlo, por supuesto, no están haciendo nada ilegal ni incitando a la violencia ni insultando (aunque el escupitajo en los pies de Shylok me deja dudas…). Pero que me disculpen, eso no es divertido ni gracioso ni es humor. Retoman los estereotipos ancestrales sobre los judíos para intentar hacer reír gente que probablemente conoció tantos judíos como Shakespeare en 1596 y seguir perpetuando los clichés negativos.
Los judíos somos los mayores (y mejores!) contadores de chistes judíos. Pero lo de Caballeros no es chistoso, es judeofobia de la más terraja y berreta. Y muestra que de Caballeros tienen solo el nombre.