Siria: Una guerra por las ruinas

07/Mar/2013

Aurora, Jonathan Spyer

Siria: Una guerra por las ruinas

La metamorfosis de la dictadura de AsadJonathan Spyer
La atribulada situación del régimen de Asad en Siria ha vuelto poco probable una represalia por el reciente ataque de la Fuerza Aérea de Israel. De hecho, la decisión inusual del régimen de dar a conocer su propia versión de aquel incidente indica que calcula (probablemente con razón) que puede anotarse una victoria propagandística, aunque un tanto exigua, al presentarse a sí mismo como el objetivo desdichado de las atenciones de los sionistas.
Pero mientras que el brutal régimen de Asad podría estar indefenso frente a una fuerza aérea moderna, está actuando un poco mejor contra las fuerzas divididas y mal pertrechadas de la insurgencia – que ya lleva dos años. De hecho, no hay ningún signo del profusamente presagiado colapso del régimen. Por el contrario, la dictadura está transformándose simplemente en el mejor pertrechado entre una multitud de contendientes en una guerra civil que tiene múltiples aristas.Seis meses después de que los rebeldes declararan el comienzo de la batalla por Damasco, las líneas que dividen los bandos en la guerra civil siria permanecen estáticas.
El régimen ha cedido la mayor parte del norte del país, que ahora está repartido entre varias milicias rebeldes (con un enclave kurdo, de hecho, en el noreste).
Las propias fuerzas rebeldes están profundamente divididas. Se han producido una serie de asesinatos fratricidas – tales como la venganza de sangre que parece haberse desatado entre la islamista Brigada Farouk y Jabhat al-Nusra, vinculado a al-Qaeda.
Una lucha encarnizada también está teniendo lugar entre árabes islamistas y kurdos seculares en las zonas abandonadas por el régimen. El 16 de enero, los combatientes islamistas apoyados por Turquía, hicieron un segundo intento de penetración en el área dominado por los kurdos. Escoltados por cuatro tanques T-55, capturados al ejército sirio, entraron en la ciudad de Sere Kaniyah (conocido en árabe como Ras al-Ain) y se enfrentaron a las unidades locales de las milicias kurdas.
Al retirarse de grandes extensiones de territorio en el norte árabe sunita y kurdo, el régimen de Asad redujo las líneas que debe conservar. El régimen parece decidido a defender a toda costa la ciudad de Damasco, la zona costera occidental de Siria – de mayoría alauita – y las carreteras que conectan a ambas.
Hasta ahora, por lo menos, ha logrado ese objetivo. Las conquistas de los rebeldes en la ciudad de Homs de mayoría sunita, han sido revertidas con gran brutalidad. La pérdida de esta ciudad amenazaría la carretera que une la zona costera occidental con la capital. Del mismo modo, mientras que los rebeldes lograron entrar en parte de los suburbios al sudoeste de Damasco; han sido hasta ahora incapaces de expandir sus avances iniciales y se han visto sometidos a un bombardeo aéreo despiadado en las áreas que capturaron.
Incluso en Alepo, en el norte, los rebeldes no han logrado completar la conquista de la ciudad – cerca del cuarenta por ciento de la misma permanece bajo control del gobierno. De hecho, los rebeldes aún no han logrado capturar y retener ni siquiera una sola de las ciudades medianas o grandes del país. Incluso la ciudad norteña de Idleb, en el centro del corazón de la rebelión sunita, permanece bajo control gubernamental.
La situación presente indica que con el nivel actual de armamento y organización, los rebeldes sirios no tienen una estrategia viable para expandirse hacia los bastiones del régimen. La percepción de esta realidad podría realzar el sorprendente anuncio de Ahmed Mouaz al-Khatib, director de la Coalición Nacional de Siria, acerca de su disposición al diálogo con el dictador sobre el proceso de transformación política.
La lealtad de los alauitas sirios, la cohesión de las unidades vitales de combate, y – quizás lo más importante – la ayuda activa y muy extensa de Rusia, Irán y Hezbollah han permitido que el régimen de Asad continúe existiendo. La decisión de EE.UU. y Occidente de evitar involucrarse seriamente y apoyar a la rebelión no es menos responsable de la supervivencia del régimen.
Sin embargo, al mismo tiempo, nítidamente, el régimen no tiene ninguna esperanza realista de reconquistar las zonas que ha cedido y que ascienden a cerca de la mitad de la totalidad del territorio del país. Y la evidencia sugiere que la prominencia de Irán y Hezbollah en la lucha contra los rebeldes ha llegado a tal nivel que referirse al bando de Asad como el gobierno soberano de Siria puede ser anticuado.
Sería más exacto ver ahora al régimen de Asad simplemente como en el proceso de transformación de la milicia mejor armada y mejor apoyada en una guerra (o en una serie de guerras) por las ruinas de Siria. Con gran parte de su infraestructura en ruinas, y alrededor de 70 mil muertos, Siria es hoy en día un Estado fallido, una designación geográfica más que política.
La línea divisoria central de este conflicto sigue siendo entre la rebelión principalmente árabe suní rural – apoyada por las potencias regionales sunitas, tales como Qatar, Arabia Saudita y Turquía -, y la mayoría del elemento no suní (alauita, con el apoyo de chiís y cristianos) congregado alrededor de la infraestructura civil y militar que alguna vez gobernó Siria – respaldado y mantenida por Irán, Rusia, sus aliados y sus peones.
No hay ninguna razón para pensar que esta guerra esté por concluir.