POR SHLOMO BEN AMI EX CANCILLER ISRAELI, VICEPRESIDENTE DEL CENTRO INTERNACIONAL PARA LA PAZ DE TOLEDO
La desintegración del gobierno de hierro de Assad muestra que los déspotas no aprenden jamás de historias similares a las suyas.
04/04/12
El autor y sacerdote inglés William Ralph Inge dijo en cierta ocasión que “un hombre puede construirse un trono de bayonetas, pero no puede sentarse en él”. Sin embargo, la dinastía Assad de Siria parece creer que puede impugnar esa máxima.
Históricamente, pocos autócratas han entendido que el cambio producido pacíficamente por un gobierno es la solución conservadora más viable para las peticiones populares y la forma mejor de evitar la revolución violenta . Ésa es la sabiduría que Hosni Mubarak de Egipto, Muammar el Kadafi de Libia, Zine El Abidine Ben Ali de Túnez y Ali Abdullah Saleh del Yemen no han aprendido. Es la enseñanza fundamental que se desprende de la Primavera Arabe y que el presidente de Siria, Bashar Al Assad, ha pasado por alto de forma sangrienta.
Siria, país cuya influencia en la política de Oriente Medio se ha debido más a su papel de motor del conflicto árabe-israelí que de su poder económico o militar objetivo, siempre temió, bajo los Asad, que el abandono de su confrontación ideológica con el enemigo sionista socavara el régimen. De hecho, los expertos explicaron la inmunidad inicial de Siria ante la Primavera Arabe señalando la fervorosa defensa por parte del régimen de la dignidad árabe, reflejada en su resuelta hostilidad a Israel.
Pero, como se ha visto forzado a reconocer el joven Assad, los tiempos han cambiado.
La aspiración a la dignidad de la nueva generación árabe se basa en un anhelo de gobierno decente y de derechos civiles que durante mucho tiempo se denegaron con el pretexto del conflicto con los “cruzados sionistas”, El sistema Baas sirio, uno de los regímenes más seculares del mundo árabe – otro fue el Irak de Saddam Hussein –, basado en la trinidad de partido, ejército y lealtad étnica, ha llevado al país a una guerra sectaria entre su mayoría suní y la pequeña minoría chií-alauí que ha gobernado el país en los 45 últimos años. Desde que el rebelde Ejército de la Siria Libre, mayoritariamente suní, se separó del ejército regular, Asad ha recurrido al núcleo alauí de sus fuerzas y a la shabeeha , grupo paramilitar alauí tristemente famoso, para llevar a cabo su despiadada campaña en pro de la supervivencia.
Ahora el régimen afronta su momento de la verdad. La desintegración del gobierno de hierro de Assad con una sangrienta guerra civil muestra una vez más que el desplome desordenado de las dictaduras, como el de Josip Broz Tito en Yugoslavia o el de Hussein en el Irak, suele fomentar la guerra interétnica y el desmembramiento nacional.
Copyright Project Syndicate, 2012.
Siria: todas las dictaduras caen igual
04/Abr/2012
Clarín, Shlomo Ben Ami