Contrariamente a algunas voces que se oyen-o
leen- en relación a la política de la administración Obama en Oriente Medio, no
atribuimos al Presidente de Estados Unidos sentimientos ni prejuicios anti
israelíes.
El que discrepe con el Primer Ministro
Benjamin Netanyahu en varios temas y el que evidentemente no tenga con él una
especial afinidad -«cuestión de piel», dirán algunos- no significa
que lo motiven malas intenciones.
Probablemente uno de los problemas centrales
sea su incomprensión de la región, su deseo de supeditar al ideal de soluciones
diplomáticas que pongan fin a las guerras, también a elementos que no
comprenden esa dinámica y que la toman como señal de debilidad ante la que
consideran que lo mejor es aumentar su presión.
Han
sido varios los errores de Obama en la zona, pero en este análisis, lo oportuno
es concentrarse en la temática de Irán. El mensaje que Washington (y Europa)
han estado transmitiendo a Teherán en los últimos meses, era que un acuerdo
nuclear les resulta clave y vital, lo cual fue captado de inmediato por los
iraníes, de modo que supieron aprovechar la situación y sin cambiar sus propias
posturas casi en nada, hicieron que sus interlocutores vayan flexibilizando más
y más sus posiciones en la mesa de negociaciones.
Las conversaciones, en las que Irán debería
haber ido transando, fueron al final el marco en el que las potencias
occidentales, gradualmente pero a «paso firme», dieron una y otra vez
marcha atrás.
Otro gran problema es el hecho que al actuar
con Irán como su aliado en la lucha contra el Estado Islámico (chiita el
primero, sunita el segundo), el mensaje era que Estados Unidos necesita a Irán
y lo ve como aliado legítimo en
determinada arena. Ello, inevitablemente, transmite a Irán un mensaje también
en la mesa de negociaciones sobre el acuerdo nuclear.
Claro que a ello se suma el hecho que Irán es
el principal patrocinador mundial de terrorismo. Darle legitimidad con un acuerdo
nuclear- sabiendo que el levantamiento de restricciones fortalecerá su economía
y así al propio régimen fundamentalista de la revolución islámica – es un acto
de gran irresponsabilidad.
Pero nada se asemeja a la irresponsabilidad
que se capta al oir de la boca del propio Presidente Obama, una explicación
sobre el riesgo más importante del acuerdo que está siendo negociado.
En una entrevista concedida por el Presidente
de Estados Unidos a NRP (NationalPublic Radio), elogió distintos puntos del
marco de acuerdo, recalcó que durante diez años Irán no podrá tener más de 300
kilos de uranio enriquecido (muchísimo menos que las grandes cantidades que ya
tiene ahora, que le alcanzan para por lo menos cinco bombas atómicas) pero
luego pasó a lo que suena como confesión. «Lo que resulta un temor más
relevante es que en el año 13, 14, 15, teniendo centrifugas avanzadas que
enriquecen uranio con bastante rapidez,
en ese momento, los tiempos de irrupción se hayan disminuido a casi cero».
Es para leer…y no creer.
Pero ante todo, una aclaración semántica para
quien no está necesariamente interiorizado en el tema del programa nuclear
iraní: el término «tiempos de irrupción» («breakout time»
en inglés), se refieren al tiempo que transcurre desde que Irán toma la
decisión de tener la bomba y el momento en que logra fabricarla. Eso depende,
claro está, de cuan avanzados estén en ese instante todos los elementos del
complejo mosaico nuclear. O sea: si tiene las centrifugas necesarias, si tiene
determinada cantidad de uranio enriquecido a nivel suficiente, si ya tiene pronto el detonador nuclear y varios elementos más imprescindibles para
poder llegar a la bomba, le lleva mucho menos tiempo concretar el plan de
tenerla, que si le faltan piezas claves del mosaico general.
Y sin duda, oir al propio Obama admitiendo que
en ese punto hay un serio problema, porque al levantarse las restricciones del
control-que según él, no tendrá precedentes- Irán podrá correr rápidamente
hacia la bomba nuclear, es ilustrativo.
Claro que voceros de la Casa Blanca se
salieron de sí para aclarar que hubo una confusión en la interpretación de lo
dicho por el Presidente y que el análisis se refería a una situación en la que
no exista acuerdo…Pero las aclaraciones fueron bastante patéticas ya que las
palabas de Obama habían sido más que
claras. Se habrá equivocado , desde su punto de vista, al admitirlo
públicamente, pero en cuanto al contenido, no cometió error alguno: inclusive
quienes defienden la firma de este acuerdo, estimando que es mejor que al menos
por diez años Irán reduzca su programa nuclear, no podrán alegar que al
levantarse el control, determinado al parecer por solo diez años o algunos más
en ciertos puntos, Irán aún tendrá en pie todo su programa nuclear y de allí,
podrá seguir avanzando con gran rapidez.
Es que inclusive antes de firmarse el acuerdo,
que supuestamente debe lograrse hasta el 30 de junio, está claro que lo que se
hizo en las negociaciones no fue desmantelar el programa nuclear de Irán. En
absoluto. Por unos años, se le reduce y quita robustez, pero mantiene todas sus
instalaciones, no se destruye ni una centrifuga y ni siquiera se hace
desaparecer Parchin, donde se estima que Irán realizó experimentos nucleares,
donde estaría el corazón de la dimensión
militar del programa.
Pero a esto se suman luces rojas que se
encendieron ya en los últimos días, luego del anuncio del acuerdo.
Dado que Irán se oponía a que el marco de
acuerdo esté escrito, se van publicando versiones distintas de los dos lados
sobre lo pactado. Pues según la agencia noticiosa semi oficial iraní FARS, Irán
comenzará a usar su generación más avanzada de centrifugas tipo IR-8 apenas el
acuerdo entre en vigencia.La agencia cita al respecto al jefe del programa
nuclear de Irán.Cabe recordar que las IR-8 enriquecen uranio a un ritmo 20
veces más rápido que las IR-1 que Irán usa hoy.
Por su parte, los «parámetros» de
entendimiento publicados por Estados Unidos, dicen explícitamente que está
prohibido por diez años el uso de cualquier tipo de centrifuga que no sea de
las más básicas.
Es problemático e irresponsable haber
permitido que los entendimientos sean publicados sin una versión oficial
escrita, de modo que son presentados de formas tan distintas por los distintos
protagonistas.
De fondo, hay algo mucho más general, que
nosotros vemos como el problema central, de marco, aún sin entrar en los
detalles.
Al publicar su apoyo al marco de acuerdo, el
General Mohammad Ali Jafari, Comandante
de las Guardias de la Revolución Islámica, se refirió a las negociaciones como
«jihad diplomático», o sea «guerra santa diplomática».
Con esto
se puede entender claramente a Israel.
En un comunicado de la oficina del Primer
Ministro, Netanyahu señala: «Algunos dicen que la única alternativa a este
mal acuerdo, es guerra. Pero eso no es cierto. Hay una tercera alternativa:
mantenerse firmes, aumentar la presión sobre Irán y llegar a un buen
acuerdo».
Netanyahu recordó que hace pocos días, el
Comandante de las fuerzas de seguridad iraníes Basij, dijo que «la
destrucción de Israel no es negociable». «Pues que quede claro: lo
que no es negociable, es la supervivencia de Israel. No permitiremos que un país
que quiere aniquilarnos, tenga la bomba nuclear».
¿Sincero, ingenuo o irresponsable?
14/Abr/2015
Uypress, Ana Jerozolimski