Shalom Aleijem, auténtico paladín de la literatura en idish

15/Jul/2011

Aurora, Rajel Hendler

Shalom Aleijem, auténtico paladín de la literatura en idish

14/07/2011 CULTURA
Sentimos como propia su alma judía, su humanidad torturada Autor: Rajel Hendler
Hace unos días escuché un comentario sobre la obra maestra de Sholem Aleijem, “Tevie el lechero”. Ello se sumó a mi enorme amor por el idish y la literatura idish, que estudié y enseñé en mi carrera docente.
Sentí la necesidad de renovar afirmaciones que hice hace tiempo, para una clase sobre Sholem Aleijem y su “Tevie el lechero”. “Los factores más importantes que tenemos que considerar cuando enseñamos literatura idish en general, y sobre sus escritores en especial, es ubicarlos en el tiempo y el espacio de su época de actuación”.
Hoy insisto en analizar los elementos y factores políticos, económicos, religiosos, espirituales y sociales que influyeron en su vida y en su obra. Shalom Aleijem vivió y escribió en la Rusia zarista y luego en plena revolución social y su influencia sobre la vida judía. Sus penas y alegrías, sus persecuciones y pogroms, expulsiones, paralelamente a sus esporádicas ilusiones sobre la tan soñada emancipación e igualdad social.
En el siglo XIX se produce una significativa transformación en la vida del judaísmo europeo. Bajo la influencia de la Revolución Francesa, en sucesivos avances y retrocesos, reciben los judíos gradualmente su emancipación. Después de arduos ataques y derramamientos de sangre ella llega también a Rusia y cuando ya parecía que la igualdad, la libertad llegó, se desencadenan nuevos pogroms y asaltos.
En la obra de Sholem Aleijem encontramos reflejadas las vivencias trágicas del hombre, del pensamiento, de las ideologías del individuo y de la comunidad de entonces. El crítico A. Golomb lo compara: “Como un escultor trabaja la piedra y forma sus personajes queridos, así Sholem Aleijem con palabras en idish esculpe, elabora sus personajes y nos brinda la profundidad de su alma judía”.
Dubnow lo llama “el filósofo riente”, otros comentaristas “el relator democrático”, que describe el pueblo, los obreros y artesanos, las clases humildes.
El libro contiene siete relatos fundamentales, cada uno de los cuales es un símbolo de los períodos y evoluciones. Fueron escritos entre 1895 y 1914. Cada uno y cada hija, es un retrato de la época y sus problemas. Abarca transformaciones y cambios ideológicos de la Emancipación, del Iluminismo (la Hascalá), cuyos vientos e influencia llegan también al pueblito, al villorio judío, hasta la Primera Guerra Mundial.
El espíritu de resistencia, de autodefensa, alerta el pensamiento y la personalidad de los judíos hacia un activismo casi mesiánico, pero los divide en diferentes tendencias tomando distintos rumbos: asimilación, bundismo y sionismo.
Esto se refleja específicamente en los destinos de las hijas de Tevie y su vía crucis. La primer hija, Tzeitel, su primera revolución, se atreve a enamorarse del pobre sastrecillo sin preguntar ni consultar con Tevie. Sin consultar con sus padres. Ella decide a quien querer: “Y dónde estoy yo”, grita Tevie. ¿Qué mundo es este?
La segunda con sus ideas sociales; todos somos iguales; no hay diferencias. Hodl se va con el bundista, el progresista que sostiene “lo tuyo es mío y lo mío es tuyo”.
La tercera hija, Jave, le asesta el golpe de gracia; la asimilación, la conversión. La joven alega: “Dios creó a todos los seres iguales; por qué los separaron en judíos y goim. Por qué hay ricos patrones y obreros pobres”.”
Jave se bautiza, se convierte. El dolor y la verguenza de Tevie son tremendos. Tevie polemiza con el sacerdote: “¿Crees en Dios?”, le pregunta. “¿Sientes el dolor que significa arrancar una hija de sus padres? ¿Destruir una familia?”
Los monólogos de Tevie, el filósofo, siguen reclamando:
“Crece un tronco en el bosque y de pronto un hacha va cortando sus ramas, ¿y para qué sirve un tronco sin ramas?”. Y Tevie, “que no es mujer” como él siempre lo afirma, llora amargamente y discute con el Altísimo. Empieza a desconfiar de la justicia divina, de su Dios.
La cuarta hija, Sprintze, se suicida por una desilusión amorosa. Y cuando finalmente llega a la parashá Lej Lejá y se ve obligado a huir, a abandonar su aldea, empieza a dudar de su Dios. No entiende qué pasa con su mundo, con el orden habitual, con sus vecinos no judíos y con su fe, con su Dios, acaso hay algo más grande, más poderoso. ¿Hay un Dios en el mundo? Mi Dios, tu Dios, implora: “¿Dónde está?”
Cronológicamente el libro es una radiografía de aquella vida, de aquellos pueblitos, de sus habitantes; la historia de aquel judaísmo europeo, con sus evoluciones y revoluciones, con sus penas y alegrías, con sus risas y sus llantos, en las postrimerías del siglo XIX y del naciente siglo XX.
Al releer en idish, en el idish de Sholem Aleijem, o traducido aún, “Tevie el lechero”, nos identificamos con la profundidad inmensa del pequeño judío que sufrió y disfrutó a veces, viviendo en aquellos lejanos y humildes pueblitos de Rusia. Sentimos como propia su alma judía, su humanidad torturada. Sus penas y precarias alegrías, sus profundas discusiones con el Altísimo por lo que pasa con su familia, con sus vecinos, con sus creencias…. con su pequeño mundo.
Por todo eso reafirmamos lo citado al comienzo: que idish no es sólo un idioma, idish es cultura judía y aún universal. ¿Por qué es cultura? “Cultura comprende todas las realizaciones características de los grupos humanos. Cultura es la estructura espiritual interna heredada de la vida nacional de una comunidad o de un pueblo”.
Repito lo que escribí hace dos semanas en el artículo sobre la Semana del Libro Hebreo. Es importante que las obras escritas hace años, lleguen también hoy en 2011 a los jóvenes lectores. Para que nuestras jóvenes generaciones puedan comprender y recibir a los personajes de Shalom Aleijem, debemos conducirlos a la época histórica en que actuaron.
Ambos aspectos, literatura idish con historia judía, les brindan el cuadro y el sentimiento. Y sólo así podrá el alumno comprender e internalizar a esos personajes de aquellos villorios y aldeas, su sistema de vida, judíos que luego se desparramaron por el mundo entero. Con referencia al campo educacional, en vista de las teorías pedagógicas y las reformas programadas y discutidas en nuestro medio, queremos insistir en la importancia del idish como cultura fundamentalmente, para que nuestros jóvenes estudiantes sepan y sientan que Sholem Aleijem, I.L.Peretz y otros, son mucho más que nombres de calles.