Sebastián y Faywel, el menor y el mayor de 85 vidas que el terrorismo arrebató

17/Jul/2026

Por Adrián Epstein de CCIU

 

 

Tenía apenas 5 años y soñaba con conocer el subte. Él tenía 73 y había dedicado toda una vida al trabajo y a su familia. Sebastián Barreiros y Faywel Dyjament fueron la víctima más joven y la de mayor edad del atentado contra la AMIA. Entre ambos se resume la magnitud de un ataque terrorista que, 32 años después, sigue reclamando memoria y justicia.

 

El 18 de julio de 1994, a las 9.53 de la mañana, un coche bomba destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en el barrio porteño de Once. La explosión asesinó a 85 personas y dejó más de 300 heridos, en el que continúa siendo el atentado terrorista más grave de la historia argentina.

 

Cada aniversario renueva el reclamo de justicia, pero también invita a recordar que detrás de las cifras había personas con nombres, familias, sueños y proyectos. El terrorismo no distingue edades, profesiones ni creencias. Mata indiscriminadamente.

 

La historia de Sebastián Barreiros, de apenas 5 años, es una de las más conmovedoras. Ese lunes comenzaban las vacaciones de invierno y había convencido a su madre, Rosa, de viajar en subte porque quería conocer los túneles que imaginaba similares a los de las Tortugas Ninja, sus personajes favoritos. Al salir de la estación Pasteur, caminaron tomados de la mano por la vereda de la AMIA rumbo al Hospital de Clínicas. Mientras jugaban al «veo-veo», la explosión los alcanzó. Rosa sobrevivió; Sebastián murió en el acto. Con el paso de los años, su historia se transformó en un símbolo de la tragedia y de la necesidad de transmitir la memoria a las nuevas generaciones.

 

En el otro extremo se encontraba Faywel Dyjament, de 73 años, la víctima de mayor edad del atentado. Su asesinato recuerda que el terrorismo golpeó por igual a quienes recién comenzaban a vivir y a quienes ya habían recorrido toda una vida. Entre Sebastián y Faywel median 68 años de diferencia, pero ambos quedaron unidos para siempre por la misma explosión y por el mismo reclamo de justicia.

 

La investigación judicial argentina determinó que el atentado fue ejecutado por la organización terrorista Hezbollah con apoyo del régimen iraní. Sin embargo, más de tres décadas después, ninguno de los responsables intelectuales o materiales ha comparecido ante la Justicia.

 

El atentado contra la AMIA no fue solamente un ataque contra la comunidad judía argentina. Fue un atentado contra toda la sociedad, contra la convivencia democrática y contra los valores de una nación que aún espera respuestas.

 

Cada 18 de julio, cuando las sirenas vuelven a sonar a las 9.53, los nombres de las 85 víctimas son leídos uno a uno. Entre ellos aparecen el de Sebastián Barreiros y el de Faywel Dyjament. El más pequeño y el mayor. Dos vidas separadas por casi siete décadas, unidas para siempre en la memoria colectiva y en un reclamo que permanece inalterable: que el terrorismo no quede impune y que la justicia, aunque llegue tarde, finalmente llegue.