El gobierno de Barack Obama defiende con insistencia la guerra aérea liderada por la OTAN en Libia. Sin embargo, son los recientes y violentos enfrentamientos en Siria y Jordania los que han hecho sonar las alarmas entre los funcionarios: para ellos, esos países son el corazón del mundo árabe, además de ser mucho más importantes para los intereses norteamericanos que Trípoli.