Quemar un Corán, en público, como expresión de condena a una religión a la que se atribuyen todos los dramas de la tierra, debería ser delito. Y quemar una Biblia como manifestación de idénticos sentimientos, también. Y quemar cualesquiera libros sagrados para una religión, como fundamento del odio y la ira frente a una tensión social, debería tener también el mismo castigo.