Resonaban disparos en las calles y los cadáveres seguían tendidos sobre el pavimento ayer en Daraa, la ciudad del sur de Siria que encabeza la insurrección contra el presidente Bashar al Asad, en una señal de que la represión del régimen continuaba sin ceder. Por otra parte, un grupo de derechos humanos sirio dijo que las autoridades detuvieron a decenas de personas en todo el país, principalmente en varios suburbios de Damasco y en la ciudad norteña de Jableh. En la víspera, el Ejército atacó Daraa, donde comenzó la insurrección hace más de un mes, y se registraron al menos 11 muertos.