Las autoridades estiman que tendrán que demoler unas 3.000 viviendas para poder realizar las obras de infraestructuras necesarias de cara a los Juegos Olímpicos y el Mundial de Fútbol. Berenice Maria da Neve está fuera de sí por el dolor y la rabia. Y señala furiosamente un montón de escombros, mientras nos encontramos al lado de una carretera muy transitada en las afueras de Río de Janeiro.