El director iraní Jafar Panahi fue condenado hace unos meses por el régimen de su país a sufrir seis años de arresto domiciliario y veinte años de prohibición de filmar, viajar al exterior o conceder entrevistas, bajo el cargo de hacer un cine «contrario al régimen». Entonces optó, con ayuda de su colega Mojtaba Mirtahmasb, por mostrar en imágenes su vida diaria en ese encierro. Lo hizo en una película titulada This is Not a Film (Esto no es un film) donde se lo ve cumpliendo sus menesteres cotidianos (tomar el desayuno, alimentar a la mascota de su hija) como alegato que no necesita de proclamas verbales para ilustrar la intolerancia de un sistema político y de su brazo judicial.