El 18 de agosto pasado el Medio Oriente volvió a una sangrienta rutina tristemente conocida: ataques terroristas contra Israel y represalias que terminan temporalmente con alguna frágil tregua. Después de meses de relativa tranquilidad, la organización llamada Comités Populares de Resistencia de Gaza perpetró una serie de atentados terroristas combinados, a unos 20 kilómetros de Eilat, en el Sur de Israel, en los que murieron 8 israelíes y fueron heridos otros 30. Como represalia, la Fuerza Aérea israelí atacó una casa en la ciudad de Rafah en la Franja de Gaza que servía de sede al comando de la organización responsable de los ataques. En el ataque murieron su jefe Kamal al-Nairab (Abu Awad) y otros dirigentes. Luego de la acción israelí, las organizaciones terroristas que operan en Gaza atacaron centros poblados israelíes. En los cuatro días siguientes a los atentados en el camino a Eilat, dispararon unos 160 cohetes de los cuales 120 cayeron en territorio israelí.
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