En el preciso momento en que El País de España editorializaba en su diario, el 1 de febrero de 2011, estaba sumergiéndose en una piscina llena de hipocresía. Lo cierto es que la enorme crisis que está viviendo Egipto ha dado mucho que hablar a los principales analistas de este mundo; aunque, paradójicamente, en vez de investigar a fondo la complejísima red de entidades que hacen a la situación actual de aquel país -o sea, de situarse realmente en el epicentro del problema- la cámara, en muchos lugares, se ha desenfocado un poquito para el oeste y otro poquito para el norte: en otras palabras, se ha centrado otra vez en Israel.