La masacre de Itamar, donde palestinos han asesinado a una familia judía de padres y tres pequeños hijos, uno de ellos bebé degollado junto al padre, no tiene justificación política, diplomática y cuanto menos mediática.
La masacre de Itamar, donde palestinos han asesinado a una familia judía de padres y tres pequeños hijos, uno de ellos bebé degollado junto al padre, no tiene justificación política, diplomática y cuanto menos mediática.
En una entrevista exclusiva con la Agencia Judía de Noticias, Shamsi Ali destacó su labor con el rabino Mark Schneier (en la imagen), con quien lucha para superar las diferencias entre judíos y musulmanes, y destacó: “ Debemos luchar contra el antisemitismo. La República Islámica es influyente en la región y el pueblo debería levantarse y trabajar juntos”. Además expresó que ambas religiones deben trabajar juntas “para terminar con los ataques contra judíos y musulmanes”.
Hay por lo menos tres lecciones que extraer del reñidero árabe. La primera es que los regímenes caudillistas y sin instituciones legítimas tienden a desembocar en la violencia cuando llegan a su agotamiento. El reemplazo se produce a cañonazos porque no hay modos pacíficos de transmitir la autoridad. Eso ha ocurrido en Túnez, en Egipto y luego en Libia. Quienes desprecian el Estado de derecho a la manera de las democracias estables y prósperas de Occidente, no entienden que la gran virtud del sistema radica, precisamente, en la renovación pacífica de los gobernantes. Es posible que elijamos a un cretino o a un inepto, incluso a un canalla (ocurre con frecuencia), pero a estos indeseables se les puede reemplazar en los próximos comicios.
Según afirma el autor del siguiente artículo: «…en el año 2035, la población árabe con derecho a voto superará a la judía. Para entonces, Israel debería abandonar sus ambiciones democráticas o bien renunciar a su misión fundacional de constituirse en el hogar nacional del pueblo judío.» A su vez, y como definición que a las claras invita a un debate, también afirma que los términos «derecha» e «izquierda», deben ser dejados de lado en Israel, para poder optar por un nuevo «paradigma nacional».