La semana pasada, el gobierno sirio emitió un aviso en el que reconoce el Estado de Palestina a lo largo de las fronteras de 1967, con Jerusalén Oriental como su capital. En otros tiempos esta proclamación habría generado una fuerte reacción debido a un cambio fundamental en las posiciones históricas de Siria. Esta vez, sin embargo, pasó casi desapercibida, ya que la mayoría de los comentaristas entiende que el problema palestino ya no es una prioridad para Damasco, tanto como la propia supervivencia de su régimen. Es importante entender que este anuncio, publicado como una declaración en nombre del Ministerio de Relaciones Exteriores sirio fue una maniobra diplomática destinada a rescatar al gobierno sirio de su presión interna.