Es un abanderado de la paz en la zona más caliente del mundo: Medio Oriente. Guitarra al hombro y con las ilusiones intactas de un joven que se crió en un ambiente de activistas por los Derechos Humanos, el cantante israelí David Broza actúa donde siente que su arte se transforma en «un objeto de unión». La música es una policromía cultural para el músico. Errante por el mundo, fue recolectando los estilos de lugares tan diversos como la vida urbana en Madrid hasta las peripecias en un pueblito rural a las afueras de Manhattan. Encabeza proyectos con palestinos y es el ícono artístico de los indignados israelíes.