diferencia de su padre, Bashar al-Assad no terminará sus días siendo el anciano e inamovible presidente de la República Arabe de Siria. Ninguno de los escenarios previsibles en ese país incluye la posibilidad de que Al-Assad y su clan logren aplastar las protestas populares, sean perdonados por la comunidad internacional y continúen en el poder como si nada. El golpe letal a la tiranía de los Al-Assad lo dio la Liga Arabe al exigir su abdicación como requisito sine qua nona cualquier salida a la crisis. La Liga Arabe llevó ayer este planteo al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.