El pasado 2015 nos ha dejado muchas heridas y muchas lecciones. Hemos sido testigos de eventos que nunca hubiéramos imaginado los que nacimos en la segunda mitad del siglo pasado. Soñamos -con razón y durante bastante tiempo- que luego de las atrocidades cometidas contra judíos, gitanos, homosexuales, polacos, rusos etc., a manos de las hordas nazis, no veríamos comportamientos similares. Era esperado que la humanidad hubiera aprendido la lección y que enrumbara un camino hacia la civilización y la tolerancia para con el otro. Erramos.