Desde hace un tiempo, aludir al “conflicto de Medio Oriente” ha pasado a referir a la violenta disputa por la hegemonía regional entre sunitas y chiítas, las dos ramas mayoritarias del Islam, a través de las dos teocracias que los representan: Arabia Saudita y la República Islámica de Irán. A la manera de la Guerra Fría, Ryad y Teherán se enfrentan a través de aliados en Yemen, Siria e Irak y ahora crece el riesgo de que el Líbano, devastado por una guerra civil entre 1975 y 1990, sea el nuevo escenario de ese choque.