Quieren transformar el paisaje empresarial de esta vieja ciudad con 3.000 años de historia en un eje tecnológico para atraer a profesionales de todo el mundo. Para Jerusalem, crecer a la sombra de Tel Aviv, que alberga 2.000 «start-ups» (empresas tecnológicas emergentes) no es un reto sencillo. Dos tercios de la población jerusalemita son ultraortodoxos (centrados en el estudio de la Torá) y árabes, cuya participación en el mercado laboral es especialmente baja.