Estamos en vísperas de conmemorar un cuarto de siglo de impunidad desde el horrífico ataque terrorista contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires. El 18 de julio de 1994, después de múltiples advertencias ante la posibilidad de un nuevo atentado por parte de Irán y sus secuaces de Hezbolá tras el bombazo en 1992 contra la Embajada de Israel en la misma ciudad, una camioneta cargada de explosivos detonó frente al edificio del corazón institucional del judaísmo argentino, trayendo consigo la muerte de 85 civiles y más de 300 heridos de sendas nacionalidades. Considerado el más violento ataque antisemita hasta ese momento en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, cimbró a la sociedad argentina hasta sus cimientos y produjo un profundo sentimiento de vulnerabilidad en el mundo judío en su conjunto.