«Los nazis no desaparecieron: solo dejaron de llamarse nazis». La frase incomoda porque apunta a una verdad que preferimos esquivar: el odio rara vez muere. Se recicla; cambia de lenguaje, de consignas y de banderas. Hoy, en plena era de la información, del acceso inmediato a los datos y del activismo digital, seguimos reproduciendo