Un día como el de hoy pero de 1913 la editorial Bernard Grasset publicaba la primera edición de «Por el camino de Swann», inicio de «En busca del tiempo perdido», obra fundamental de Marcel Proust y de la literatura del siglo XX.La monumental obra que estableció a Proust como uno de los grandes nombres de la literatura universal abarcó 14 años (desde 1913 hasta 1927), tres mil páginas (más de 1.300.000 palabras) y siete tomos: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en flor, El mundo de Guermantes, Sodoma y Gomorra, La prisionera, La fugitivay El tiempo recobrado.Para cuando se publicó el último tomo de la saga, Proust ya hacía cinco años que había dejado este mundo como una leyenda. Sin embargo, cuando Bernard Grasset lanzó la primera tirada de la obra, su autor llevaba cuatro años intentando, sin éxito, que alguien la editara. De hecho, él mismo financió aquellos primeros ejemplares con el equivalente a unos nueve mil euros actuales de su propio bolsillo.CaminoAl principio, Proust vacilaba, se preguntaba si era novelista o ensayista. Sí veía con claridad, sin embargo, que el ejercicio de la traducción no distaba mucho del de la ficción: se trataba, en suma, de traducir ese «libro verdadero» que cada escritor llevaba dentro suyo. Y en esa tarea se pasó toda su vida.Tras haber dejado varios proyectos de novela inacabados, una noche de escritura interminable que duró 60 horas (del 4 al 6 de julio de 1908), nace lo que más tarde sería En busca del tiempo perdido. Pero lo hace paulatinamente: primero en varios cuadernos de los que la Biblioteca Nacional de Francia conserva casi 80 y más tarde con forma de novela dividida en dos partes, El tiempo perdido y El tiempo recobrado, cuyo título general sería primero Las intermitencias del corazón y luego Las intermitencias del tiempo.Tras publicar adelantos de la novela en Le Figaro, Proust emprende una fallida búsqueda de editor. Mercure de France, Fasquelle, Ollendorf, Nouvelle Revue Française; todas dijeron que no. El editor de esta última, Humboldt, fue elocuente en su rechazo: «No puedo comprender por qué un señor puede emplear treinta páginas para describir el modo en que da vueltas en su cama antes de encontrar el sueño». Muy distinta fue la reacción de André Gide, premio Nobel de Literatura en 1947, sobre el rechazo de la Nouvelle Revue. «El rechazo de este libro quedará como el más grave error de la N.R.F. y (dado que tengo la vergüenza de ser bastante responsable de ello) uno de los lamentos, de los remordimientos, más dolorosos de mi vida».ObsesiónIniciado el proceso de edición en Grasset, Proust, lejos de estar cansado por los años, sigue trabajando, corrigiendo, reescribiendo, agregando y quitando partes de la novela. Dedicaba un exhaustivo esfuerzo a la revisión de sus textos, arrancando páginas y cambiándolas de lugar y reescribiendo obsesivamente varios pasajes. Por ejemplo, en el borrador de 1910 de El camino de Swann la palabra «magdalena» todavía no aparecía; en su lugar se hablaba de «galletas». Las copias en facsímil originales que conserva la Fundación Martin Bodmer (Ginebra) son un testimonio de hasta qué punto Proust seguía trabajando en la novela incluso cuando ésta ya estaba en vías de ser impresa. Utilizaba los espacios en blanco que quedaban en las hojas ya escritas para hacer agregados e incluso pegaba trozos de papel nuevos llenos de párrafos, obligando al editor a rehacer una y otra vez la edición antes de que viera luz. En este proceso fue donde Proust dio con el título definitivo: En busca del tiempo perdido.Hasta el final, Proust seguía inmerso en el eterno laberinto de la memoria. En busca del tiempo perdido, además de cubrir varios géneros (novela familiar, social e íntima) y mezclar ensayo y ficción, es el credo de Proust y la demostración del método para recuperar el tiempo perdido mediante la memoria involuntaria. Desatada por cualquier hecho trivial del presente, pone en marcha un universo de reminiscencias casi inagotable. Tan inagotable que todavía hoy sigue en marcha.
Se cumplen cien años de un clásico atemporal
18/Nov/2013
El País, Uruguay, por Gonzalo Palermo