Haber crecido y ser educado en Viena
significaba que la educación primaria incluía memorizar la primera estrofa del
vals Danubio Azul («Die Donaublau tan, tan blau, así blau…»), saber
cuándo los otomanos sitiaron Viena (1529 y 1683) y aprender sobre el boulevard
más conocido de la ciudad, la Ringstrasse. Mientras que cuesta mucho recordar
todos los detalles que les enseñaban a los chicos sobre su historia, lo más
importante a saber es que a mediados del siglo XIX, la ciudad fue creciendo y
se había extendido por lo que el joven emperador Franz Joseph decidió demoler
las murallas que todavía rodeaban el centro de la ciudad y reemplazarlos por un
boulevard señorial. Aun ahora, se puede circundar el anillo y observar los
impresionantes edificios que allí se hallan, la Universidad, el Ayuntamiento,
el Parlamento, el Burgtheater y la Opera. Una notable escenografía.
Este año, la Ringstrasse celebra su 150º
aniversario, y otros acontecimientos políticos e históricos para conmemorar
(como el Congreso de Viena de 1915, al final de la II Guerra Mundial en 1945 y
el Tratado de la Independencia de Austria en 1955). Karl Lueger, el alcalde antisemita le cambió
el nombre a la Ringstrasse por el de Universitätsring. El Museo judío de Viena,
en su nueva exposición nos recuerda que en el pasado de la Ringstrasse hay una
historia de los judíos todavía no bien conocida. La mitad de la propiedad
privada del boulevard estaba en manos judías, era un símbolo del éxito
económico judío, de su patrocinio y su asimilación. Todo esto, una vida judía
austríaca llena de vitalidad y creatividad, terminó abruptamente en 1938.
La exposición acertadamente llamada
«Ringstrasse. Un boulevard judío,» lse prolongará hasta el 4 de
octubre y realiza una gran tarea al mostrar los fundamentos de esta historia.
En diciembre de 1857, Franz Joseph dio la orden de demoler las murallas de la
ciudad. Dos años más tarde, a principios de 1860, cuando los lotes en el nuevo
boulevard estaban listos para ser vendidos, emitió una nueva ley que permitía a
los judíos comprar tierras por primera
vez en el imperio de los Habsburgo. Esto favoreció mucho su iniciativa, puesto que la burguesía judía estaba ansiosa
por establecerse — tanto geográfica como socialmente, en el centro del imperio
de los Habsburgo. De esta manera el 44% los lotes de la Ringstrasse quedaron en
manos de familias judías. Un mapa del museo muestra alrededor de veinte
mansiones y palacios judíos, en o cerca de la Ringstrasse; tuvieron los nombres
de las familias que vivieron allí — como los Todesco, Ephrussi, Auspitz y
Lieben.
En el
museo se puede tener una idea de cómo vivían esas familias. Hay fotos y bocetos
de los interiores, así como habitación de la muñeca que fue propiedad de la
familia Przibam, que vivió en dos casas señoriales en la Ringstrasse. También
se exhiben fotografías familiares de tamaño miniatura. También aprendemos que
los arquitectos (entre los cuales había un puñado de judíos también)
concibieron el interior como una obra coherente, lo que significa que las
familias vivían en (no – tan-) mini-museos. Tal vez como era de esperar, muchos
de ellos eran asimilados y — algunos incluso fueron bautizados y favorecieron
el liberalismo político. Muchas familias estaban relacionadas entre sí. Algunos
fomentaron la actividad cultural llevada a cabo en los salones con intensos
encuentros donde la música, el arte y la política eran el eje donde se centraban
los debates. Otros fueron mecenas de las artes, y algunos asistieron muy
generosamente a la caridad.
Las salas de la exposición, permiten conocer
un poco mejor una o dos familias. Allí están sus cartas, muebles y fotografías,
y algunos hechos biográficos básicos de los arrendatarios. Allí está la
historia de la casa «La liebre de los ojos de ámbar” que lleva a releer el
libro de Edmund de Waal donde narra con todo detalle la historia de la familia
Ephrussi, quien vivió en la que ahora es Universitätsring hasta 1938.
La exposición sutilmente cuenta que a pesar de
todo lo que los judíos invirtieron en el imponente boulevard de Viena, no solo
no desapareció el antisemitismo, allí se muestran algunas horribles caricaturas
para ilustrarlo. Significativamente el mayor espacio y esfuerzos están
dedicados a los eventos tras el Anschluss en 1938. No sorprende, tampoco.
Aunque la mayoría de las familias judías del Ringstrassen pudieron escapar de
la persecución, tuvieron que dejar la mayor parte de sus pertenencias detrás.
Muchas de las que no regresaron a los legítimos propietarios hasta 70 años
después.
En la
exposición que se prolongará hasta octubre de 2015 en el Museo Judío de Viena,
uno puede enterarse de que el ex Hotel Metropol, que era propiedad de la familia
judía Klein, se convirtió en la sede de la Gestapo después de ser arianizada.
Saliendo del Museo, recorriendo el centro de la ciudad, está la antigua mansión
de los Ephrussi (que tiene un Starbucks, una librería y una tienda en su planta
baja, ió en la Ringstrasse. En la actualidad resulta imposible imaginar a Viena
sin ella.
Museo Judío de Viena: El anillo – la historia
judía de un boulevard
Los judíos desempeñaron un importante papel en
la Ringstraße. Fueron mecenas y promotores. Sin embargo, la exposición también
muestra la hostilidad que sufrieron.
La exposición se centra en las luces y sombras
del escenario de la Ringstraße, el ascenso social de una pequeña élite judía y
la lucha por la supervivencia diaria de la mayoría de los judíos, así como la
instrumentalización política del antisemitismo y sus consecuencias.
Entre los promotores de los ostentosos
palacios a lo largo de la Ringstraße, había numerosos empresarios y banqueros
judíos que contribuyeron al crecimiento económico de los años de la fundación
del boulevard y que se distinguieron como coleccionistas de arte y mecenas. No
obstante, la cara amarga de la espléndida fachada de la Ringstraße eran los
problemas sociales y la creciente radicalización política. En especial, la
pequeña burguesía, como clásica perdedora en la modernización, fue la más
susceptible al antisemitismo político.
Ringstrasse: un boulevard judío en Viena
15/Jul/2015
Milim Cultural Nº 213