Gobierno de Libia hace agua pese al poco peso islamista
AP, AFP y El País de Madrid
Que el islamismo toque las puertas del poder en Libia será difícil, según expertos. Pero Gadafi acusó ayer a Osama bin Laden de estar tras las protestas contra su régimen, un sistema basado en la lucha de tribus y que ya se está «derrumbando».
Siempre se dice que culpar a los que no están es más fácil que asumir la responsabilidad. Esta fue la actitud del dictador libio, Muamar Gadafi, quien dijo que las movilizaciones en su contra son provocadas por el líder de la organización terrorista e islamista Al Qaeda, el conocido Osama bin Laden.
Tanto medios diplomáticos como académicos coinciden en que si el islamismo ha protagonizado un avance social en Libia en los últimos años, sus componentes radicales no tienen ni la estructura ni la capacidad de movilización como para representar una amenaza grave a corto plazo.
«El movimiento islamista radical que desafió seriamente a Gadafi en los años 90 ha sido aplastado por el régimen», según afirma Alia Brahimi, investigadora de la London School Economics especializada en la materia. «Hay sectores salafistas -islamistas radicales-, como en toda la región, pero no creo que tengan una masa crítica suficiente como para tener que preocuparnos ahora», opina Brahimi.
«A diferencia de la revuelta de los años 90, que fue perpetrada por los islamistas, la actual tiene un amplio respaldo social», indica la investigadora. «No creo que el islamismo radical pueda establecer un feudo en Libia», concluye. De todas maneras, no descartó que, en el marco de violencia y los antagonismos, se «prendan ciertas mechas populistas o radicales».
Al Qaeda en el Magreb Islámico expresó ayer su apoyo total a los manifestantes libios y prometió «hacer todo lo posible para ayudar» a la insurrección, indicó SITE, el centro estadounidense de vigilancia de sitios web islámicos.
«No podemos olvidar que el fundamento primordial del islamismo radical es la rebelión contra regímenes tiránicos y no representativos. Ahí empieza la afirmación del islam como base para la justicia social», sostiene la investigadora Brahimi.
el poder de gadafi. Así como el dictador aplastó a los movimientos islamistas, también sofocó el sistema universitario. «Las universidades en Libia son prácticamente inexistentes, tienen presupuestos ridículos», señala la experta. Y explica: «El dictador temía que se forjara una oposición intelectualmente consistente».
Es que desde su asunción al poder, en 1969, Gadafi es un personaje imprevisible y belicoso, que se esfuerza por borrar las estructuras del poder para instaurar un control personal respaldado por una potente red de seguridad.
En 1977 declaró a Libia «jamahiriya» (república popular), proponiendo una alternativa al capitalismo y al socialismo que teóricamente da el poder directamente al pueblo. Pero, en la realidad, Gadafi ejerce un control absoluto. En ausencia de partidos políticos, cualquier disensión es amordazada por los potentes comités populares y sobre todo por los miembros de la tribu de los Gadadfa, de la cual es oriundo el dictador.
Los miembros de los comités revolucionarios, la estructura más parecida a un partido político, eran elegidos cuidadosamente en las tribus en función de su fidelidad.
Es que las afiliaciones tribales han desempeñado durante un tiempo un papel importante en este país. De todos modos, aunque lograron establecer fuertes redes sociales, su relevancia en el plano político no está tan clara.
Gadafi también juega enfrentar a las tribus entre sí para asegurarse que ninguna coalición pueda cambiar el equilibrio de fuerzas a costa suya.
El lunes, Saif al Islam, hijo de Gadafi, advirtió que Libia podría sumirse en una guerra civil, aludiendo a que los enfrentamientos eran de origen tribal. Sin embargo, los combates oponen al régimen con la población, independientemente de las tribus a las que pertenecen sus detractores. Es que el principal movimiento opositor reclama reformas y libertad, que supera las estructuras de poder tradicionales, señalan los analistas.
«Gadafi ha logrado crear un equilibrio entre las tribus y los clanes, pero hoy esta estructura de poder se está derrumbando. Algunas tribus la están dejando caer», afirma Delphine Perrin, especialista de África del Norte en el Instituto Universitario Europeo de Florencia (Italia).
Durante años, Gadafi reforzó su propia tribu con armas y dinero. «Su punto fuerte es el sur (Sebha), de donde viene su tribu y de donde trae a los mercenarios chadianos» (ver nota en página 2), según un especialista de Libia que pidió el anonimato. «Para hacer caer a Gadafi, hay que empezar por esta región», apunta.
En los últimos días, algunos jefes de tribus, incluidos los de Werfalla, la más grande de Libia, apoyaron a la oposición. Estas se mantienen alejadas del centro del poder y pueden garantizar la seguridad de los opositores, dijo Molly Tarhouni, una investigadora londinense.