En 1901, en la Jerusalém otomana, los ricos miembros de la familia Adesfinanciaron la construcción de una sinagoga para los judíos que habían venido a Jerusalém desde Alepo, Siria. Fue construida en un callejón, cerca del mercado de Majané Yehuda, un barrio donde las otras casas de oración eran poco más que chozas; por lo que aunque ésta tenía apenas el tamaño de un pequeño restaurante fue llamada la «Gran Sinagoga».
La carpintería interior de la Sinagoga Ades (pronunciado «Addis») es muy elaborada, con incrustaciones de madreperla o nácar, en el estilo damasceno, en recuerdo de los orígenes sirios de la comunidad. El espectacular Aron Kodesh, que se extiende a través de toda la pared frontal, fue llevado en burro desde su hogar original en Alepo. Los bancos no estaban colocados como en las sinagogas europeas, sino más bien en un rectángulo, para que los fieles rodearan a la pequeña plataforma central, la bimáh donde canta el jazán y se lee la Torá, en el estilo más sociable de Medio Oriente. Todo esto fue hecho de acuerdo a sus costumbres y tradiciones.
Pero entonces los líderes de la sinagoga tomaron una decisión inesperada: para decorar las paredes iban a invitar a un artista que no era de Siria sino de la Galizia, en ese entonces todavía del Imperio AustroHúngaro. No pertenecía ni estaba relacionado con ninguna de las comunidades religiosas de la ciudad pero si con los artistas bohemios sionistas y vanguardistas que concurrían a una escuela de arte que estaba situada cerca de allí.
El joven pintor, Yaakov Stark, cubrió el interior con una combinación de motivos tradicionales, como los símbolos de las Doce Tribus de Israel, y con los nuevos íconos del movimiento sionista, estrellas de David y menorás, realizado como un mosaico en tonos de azul y verde. Él incluyó un pasaje bíblico que expresa el anhelo de los judíos de regresar a Sión, utilizando una fuente hebrea en que mezclaba la caligrafía árabe con el Art Nouveau. Obra maestra de los principios del arte sionista, Stark convirtió a ese edificio en vez de un mero bastión de la artesanía tradicional en otra cosa. Una extraña, incluso una inquietante amalgama de estilos, la expresión física de la convicción que estos fieles sirios y el artista de Europa del Este, que pese a que nunca se habían conocido antes, y eran recién llegados de muy diferentes lugares a una ciudad en la que nunca habían estado, estaban todos en casa. No hay otra sinagoga como esta.
Stark murió hace un siglo, poco después de terminar la sinagoga, empobrecido y casi desconocido. Ahora, después de una saga que involucra restauradores enfrentados por el arte, un tribunal israelí, y la oficina del primer ministro, uno de los edificios más exquisitos de Israel ha vuelto a aparecer después de décadas de abandono, y con ella la reputación del artista que hizo tanto para hacerlo hermoso.
Yaakov Stark se trasladó desde Galizia a Jerusalén en 1905, a los 24 años, con el goteo de idealistas judíos que se dirigían a la Palestina turca en esos años. Era muy pobre y se ganaba la vida dibujando postales y realizando ilustraciones para revistas. Estaba sin un centavo la mayor parte del tiempo; uno de los escasos testimonios de la breve vida de Stark es una nota de un tendero que le exige el pago de una deuda de 15 francos.
Stark fue uno de los primeros asistentes a la escuela de arte de Bezalel, que estaba (y sigue estando) en la misma calle de la sinagoga. La academia fue fundada por el escultor de origen lituano Boris Schatz, el padre del arte israelí, una figura muy grande en ese remanso polvoriento que era la Jerusalén de ese momento. El objetivo de Schatz, como lo explicó, fue «hallar una forma original hebrea, para colocar la primera piedra del estilo hebreo.» Era conocido por sus floridas vestimentas bíblicas y por su mascota, un pavo real. Schatz consideró crucial la existencia de una fusión entre el nuevo arte «hebreo» con el viejo mundo del judaísmo tradicional y que era posible llevar el arte a las sinagogas ortodoxas y salas de estudio de Jerusalén. Esto, al parecer, hizo que el proyecto Ades fuera demasiado bueno como para que lo rechazara su discípulo Stark, a pesar de que la sinagoga no podía pagar.
Un proyecto similar fue realizado en la misma época por los protegidos de Schatz en la famosa Sinagoga Hurvá en la Ciudad Vieja, una antigua sinagoga de judíos ashkenazim. Al revés de los judíos orientales de la sinagoga Ades, los judíos de Aleppo que tenían una mente mucho más abierta, el shames de la Hurvá cuando vio las pinturas decidió que eran heréticas y por lo tanto, las destruyó. Stark pasó años en los murales de la sinagoga, hasta que las terminó en 1912.
Ese mismo año, un grupo autodenominado La Asociación de Artistas Pintores de Jerusalém, que incluía también a Stark, publicó un anuncio en un periódico local donde anunciaba su misión: «Desarrollar el sentimiento artístico de la belleza entre los judíos de nuestra ciudad”, creían en una estética que debía ser inseparable de los ideales sionistas; no tenía sentido regresar a la Tierra de Israel para crear algo feo. Él gremio de los artistas de Jerusalén estaba preocupado por la aparición de pintores poco profesionales,”artesanos que no eran en absoluto expertos en esta profesión, no sólo por competir con los artistas que conocen bien su trabajo, pero también porque arruinan el gusto de nuestros hermanos, los residentes de Jerusalén, y acostumbran los ojos a dibujos feos y de mal gusto, sin ninguna clase de belleza o valor artístico.
La Jerusalén recién reconstruida» continuó la declaración «debe ser hermosa para todos, desde el interior y hacia fuera «.Dos años más tarde, en 1914, estalló la Primera Guerra Mundial. El turismo en Tierra Santa se terminó, y con él los encargos de obras de arte. Stark encontró empleo como pintor de casas y cuando eso no alcanzaba vivía de las limosnas de los Judíos de Estados Unidos. A menudo no podía pagar el alquiler de la habitación que compartía con su esposa e hija. En 1915, tres años después de terminar los murales, contrajo neumonía y murió; tenía 34 años.
En el otoño de 2009, la historiadora de arte Nirit Shalev-Khalifa manejando su auto en la autopista de Jerusalén a Tel Aviv recibió la llamada en su celular de un guía turístico que acababa de salir de la Sinagoga Ades, donde había visto un hombre pintando los murales de Stark. Los feligreses, le contó, dijeron que era una restauración.
En ese momento los murales estaban feos y en mal estado. La congregación no era rica y nunca se vio a sí misma como un museo. Siempre había necesidades más urgentes. La pintura se desvaneció y se desgastó en algunos lugares, y algunos secctores estaban totalmente cubiertos de pintura desde hacía mucho tiempo. Quedaba poco del esplendor original de la obra. Khalifa es una de las mayores expertas en murales en Israel y estárelacionada con todos los especialistas de conservación y restauradores profesionales de país y esa era la primera vez que había oído hablar de una restauración en la Sinagoga Ades. No sonaba bien. Hizo una rápida vuelta en U y volvió a Jerusalén.
En el momento en que entró por la puerta de hierro de la sinagoga, salpicada por la metralla de un bombardeo británico en 1917, ya era la hora de oración de la tarde. Subió por las escaleras al sector de las mujeres y examinó las paredes. El pintor ya no estaba allí, pero ella vio que parte del mural había cubierto el original de Stark con un acrílico brillante. Fue, recuerda, «una catástrofe».
Descubrió que alguien en la sinagoga, había traído un pintor, no un restaurador profesional, para «renovar» la obra de arte. El método ad-hoc utilizado por el pintor era pegar tela sobre el mural y recrear el original en el lienzo, creyendo que esto preservaría lo que había debajo. Pero el pegamento planteaba un peligro inmediato para los murales. Los expertos del Museo de Israel y el Instituto Ben-Zvi, creado para preservar el patrimonio del judaísmo de Medio Oriente, se involucraron, sin éxito; la sinagoga rechazó el intento de los expertos para intervenir. Ades no es propiedad pública, y no querían que los extranjeros se entrometieran en sus asuntos. Las leyes israelíes sobre la preservación de antigüedades de Israel, no tenían autoridad para intervenir en esa cuestión, porque sólo se aplican a los artefactos que son anteriores al siglo XVIII. El trabajo continuó y finalmente toda la pared sur se había cubierto con pintura nueva. Se veía, dijo Khalifa, como un salón de fiestas barato.
Esto continuó por un tiempo hasta que un funcionario encargado de edificios históricos en la municipalidad de Jerusalén encontró una ordenanza olvidada, aprobada en la década de 1980, que determinaba la preservación de 42 edificios,incluyendo fundamentalmente su interior. Uno de ellos era la sinagoga Ades. Los expertos en arte fueron a la corte, y un juez emitió una orden finalmente para detener el trabajo tan destructivo que se estaba haciendo allí. Khalifa cree que esto salvó la obra maestra de Stark.
Ades no es una sinagoga de acuerdo al modelo occidental, que abre a horas fijas para la oración, es como una mezquita de una ciudad, un lugar islámico que está siempre abierto, donde se puede encontrar una conversación, una bebida, y un descanso de la calle. Hoy el rabino de la sinagoga es Yosef Shayo, de 62 años, un hombre con barba que usa un gorro negro. Los Shayos son una de las antiguas familias judías de Aleppo. El padre del rabino, Esdras, fue el rabino allí antes que él. Shayo ha visto los cambios en el barrio de la sinagoga durante décadas. Los ancianos lo recuerdan como un niño estudiando misticismo en medio de la noche; al lado de la sinagoga hay un edificio anexo, conocido como un lugar de «adictosdel estudio de la Kábala» es un lugar pequeño pero conocido en el paisaje social de Jerusalén. El rabino contó que se sintió mal cuando comenzó la restauración decidida por algunos miembros de la congregación: «Dije, esto está mal. Esto no es Stark. Tenemos una perla en nuestras manos, ¿por qué alterarla?”. Después de que el tribunal suspendió el trabajo, intervino la sección de la oficina del Primer Ministro encargada de la protección del patrimonio histórico de la ciudad.
Algunas personas abandonaron la tradición y otros regresaron. Algunas cosas no cambian: en la sinagoga todavía se cantan las oraciones del sábado según las melodías maqam de la música árabe, un maqam diferente para cada parashá de la semana. Ades es considerado el centro más importante de la liturgia judía de Alepo y el Medio Oriente, y durante las oraciones de la medianoche en invierno, las bakashot, cantan los jazanim más talentosos y el lugar está completamente lleno. Cada viernes por la noche, a partir del Sabbat, una pequeña multitud se reúne a las tres de la mañana – principalmente halaban (sirios), también persas mezclados, tunecinos y marroquíes – para el semanario de Sirá HaBakashot, súplicas que se cantan hasta el amanecer. Cantan, según la costumbre, de un libro especial compuesto de la liturgia y de la poesía incluyendo a Ibn Ezra, Shlomo Ibn Gabirol, Eleazar Elazraki, Yehuda Halevi, Israel Nájera, y otros.
Shayo creció con los murales de Stark y con los recuerdos de la congregación del pintor galiziano: un «pobre desgraciado», en palabras de Shayo, tan meticuloso que «no dejó ningún milímetro sin pintar.»Shayo cree que Stark era masón, y que incorporó símbolos masónicos en la obra, mostrando a las serpientes, los signos del zodiaco, y una extraña menorá. El rabino dijo que una vez esto fue motivo de preocupación para los dirigentes de la congregación pero que a él no le molesta: consultó con el Gran Rabino Sefardí de Israel y le aseguró que los masones no son ningun peligro. (Khalifa, por su parte, dice que no hay prueba de que Stark era masón, aunque considera que no es imposible.)
El gobierno terminó pagando a un verdadero profesional por la restauración de los murales, cuya tarea duró dos años. El techo quedó restaurado y oculto, temporalmente, bajo una capa de pintura de color azul claro. Y van a reemplazar otras monstruosidades que han quedado. La cultura judía siempre se ha expresado habitualmente más en las palabras que en el arte o la arquitectura: el instinto de un nómada es construir sitios pequeños y baratos, y esto resulta difícil de cambiar, incluso después de unas pocas generaciones viviendo con estabilidad. El judaísmo israelí es heterogéneo y próspero, ya no tiene que competir con los grandes edificios del cristianismo o del Islam. El mejor intento en Jerusalén de edificación de una casa monumental de oración, la moderna «Gran Sinagoga» construida alrededor de 1981,en las afueras de la ciudad, no evoca las grandes mezquitas de El Cairo o Estambul, sino más bien un templo en los suburbios de New Jersey.Siendo este el caso, dijo Khalifa, la historiadora de arte, la Sinagoga Ades es la mejor muestra en Israel de una obra maestra de la arquitectura religiosa judía.
En esa sinagoga, una pequeña mesa estropeada, donde hay vasos de papel sucios de café, pañuelos de papel tirados, en un ámbito que es una obra de arte, son la prueba de que todos los días, desde hace más de hace cien años, se ha desarrollado y mantiene una larga, persistente y desbordante vida religiosa.
«Somos lo que somos», dijo ella, «y esta es nuestra Capilla Sixtina».
Restauración de la Capilla Sixtina de los Judíos de Jerusalem: la Sinagoga Ades.
15/Ene/2015