6-11-2011
RELIGIÓN Y POLÍTICA La relación con lo religioso pasa por una fase de «cambios profundos»
HORACIO PINTOS ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
Los valores religiosos y «el mercado de bienes de salvación» permanecen activos con mucha fuerza en la vida de la sociedad. Sin embargo, la relación de las personas con lo religioso se encuentra en una fase de «cambios profundos».
Esos cambios hicieron explotar el monopolio de la Iglesia Católica; propiciaron la aparición de una multiplicidad de ofertas de credos y grupos segmentados; y una creciente libertad individual que hace que los creyentes sigan manifestándose como tales aunque sin concurrir a ninguna iglesia.
Esas son las principales conclusiones surgidas en las XVI Jornadas sobre Alternativas Religiosas en América Latina, que se desarrolló en la sede del Centro Latinoamericano de Economía Humana (Claeh) de Punta del Este entre el 1º y el 4 de noviembre, en la que participaron más de 300 investigadores de 15 países.
La actividad fue organizada por la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión del Mercosur (Acsrm), una institución que se propone que la academia comience a investigar acerca de la religión.
El sociólogo uruguayo y especialista en el tema, Néstor da Costa, reconoció a El Observador que el estudio de la religiosidad «no es un tema que esté en la agenda» académica. Opinó que ello constituye un «problema» porque la religión «es un fenómeno muy presente en la actividad de la sociedad y lo vive la enorme mayoría de la población».
«El sistema universitario uruguayo debe madurar y mirar sin tabúes ni prejuicios» para que se comiencen a generar investigaciones sobre el tema, dijo. Agregó que salvo algunas investigaciones puntuales, y cursos aislados en la Universidad Católica, y en la Facultad de Humanidades de la Udelar, «no hay espacios instalados ni centros universitarios que asuman que es relevante estudiar o investigar lo religioso, o la laicidad en Uruguay».
A juicio del investigador, «hay un prejuicio sobre lo religioso» que impide que los centros universitarios destinen recursos hacia la investigación del tema, a contrapelo de lo que ocurre en las universidades de la región.
Como ejemplo de los efectos de la religión en la sociedad, señaló que un estudio realizado por docentes de la Udelar detectó que las personas que mientras estuvieron presas «asumieron una opción religiosa fuerte, no reinciden o lo hacen en menor porcentajes que los que no lo hicieron». «Esto es un hallazgo universitario y ahí, por ejemplo, hay un espacio para trabajar (…). Lo cierto es que no se investiga pero está todo abierto para investigar y comprender», reflexionó.
Da Costa señaló que «el sistema universitario es joven y necesita madurar para abordar sin tabúes ni prejuicios» la investigación del fenómeno religioso.
Laicidad
El historiador Gerardo Caetano introdujo al debate el tema de la laicidad, y señaló que ese concepto está en una etapa de «reformulación». En ese sentido, puso como ejemplo la participación proselitista de grupos religiosos en algunos partidos políticos (grupos afroumbandistas en el Frente Amplio y evangélicos en el Partido Nacional). También mencionó el veto del ex presidente Tabaré Vázquez a la ley que despenalizaba el aborto, con lo que «contravino el pensamiento anticlerical de la mayoría de los sectores de la izquierda uruguaya»; la instalación de la estatua de Juan Pablo II junto a la cruz que recuerda la visita del Papa a Uruguay; y hasta la apelación del nacionalista Luis Alberto Lacalle a la «Providencia» durante la campaña electoral.
Caetano remarcó que la sociedad pasa por «procesos de erosión de los modelos de laicidad, de reformulación del concepto de laicidad, y de desinstitucionalización de lo religioso», como ocurre en el resto del mundo.
El historiador resaltó que en 2008 se creó una mesa interreligiosa que sigue reuniéndose, y que recientemente emitió un documento en el que abogó por la promoción de «un nuevo modelo de laicidad que no suponga la prescindencia de la diversidad religiosa sino que la integre solemnemente».
El fin del monopolio
El argentino Fortunato Mallimaci, presidente de la Asociación de Cientistas, destacó a El Observador que «el monopolio católico explotó, no porque sus ideas sean malas o buenas. Lo que pasó es que la gente quiere hacer su camino por ella misma, quiere profesar su fe según la siente, y no espera que otros le den la verdad revelada».
Mallimaci explicó, entre los cambios que se dieron en la sociedad, que «la mujer tiene una participación más activa y ahora quiere decidir sobre su cuerpo independientemente de lo que digan algunas jerarquías eclesiásticas sobre ello», opinó.
«De hecho cuando se pide por algunos la autorización del matrimonio gay, no se está pidiendo la abolición del matrimonio sino un cambio en una costumbre que tiene su origen en un acto religioso», consideró.
En el mismo sentido, el italiano Roberto Cipriani, doctor en Sociología de la Religión en la Universidad de Roma, dijo a El Observador que una reciente encuesta realizada en Italia demostró que solo el 25% de las personas que dicen ser católicos participa de la liturgia una vez a la semana. «Pero cuando se pregunta por las veces que rezan, nos encontramos que el porcentaje sube al 80%», indicó. Cipriani sostuvo que a su juicio hay ahí una muestra de cómo está presente lo religioso en una nueva forma. «Me da la impresión que es un buen tema para que se investigue en Uruguay», sugirió.
Religiosidad a la carta
07/Nov/2011
El Observador, Horacio Pintos