A diario nos enteramos de horribles noticias. En Kenia, terroristas islámicos matan a 150 estudiantes universitarios, mayormente cristianos. Aparecen degüellos por “Youtube”.
Tiempo atrás a feligreses en una capilla en Pakistán o en la India. En Nigeria, niñas secuestradas de un colegio y luego, muy lejos de sus casas, las que sobrevivieron, supuestamente “casadas”. Sus maestros asesinados. Estas jovencitas han tenido que olvidar sus ambiciones y la de sus desesperados padres, de elegir su futuro, de progresar. Los musulmanes, Sunnitas y Chiítas y sus distintas vertientes, se matan y mutilan a diario, sin piedad. Las mezquitas y los mercados parecen ser el blanco favorito por la gran concentración de personas. Últimamente la situación parece haberse complicado más aún.
Es un triste espejo de lo que sucedía, entre cristianos, pero varios siglos atrás. Los protestantes divididos entonces en tres grandes ramas, los calvinistas, los luteranos y los anglicanos, contra los católicos, en distintos frentes. Estos, a su vez, contra los ortodoxos del rito oriental. A su vez, se luchaba contra los islámicos que en buena parte formaban parte del poderoso Imperio Otomano que abarcaba entonces, a 25 países de la actualidad.
Por lo tanto, deberíamos sacar algunas conclusiones históricas al analizar la situación actual. Lo que sucede hoy no es exclusivamente una guerra religiosa. Tampoco lo fueron los conflictos entre protestantes y católicos, por lo menos no exclusivamente. Es una lucha de poder, de conquista, con importantes ingredientes religiosos que justifican las matanzas que para algunos, tienen que ocurrir para prevalecer. Los violentos y los psicópatas, por su parte, están en su salsa. También existen los idealistas que quieren salvar al mundo y la inmensa mayoría son las pobres víctimas que viven donde se desarrolla la tragedia.
Entender el marco geopolítico de la zona más caliente no es cosa simple. Por un lado, el Medio Oriente y Asia Menor. Por otro Estados Unidos, luego de su infortunada intervención en Irak, que está disminuyendo su influencia en la zona, como lo hicieron Gran Bretaña y Francia, después de la segunda guerra mundial. Turquía tampoco se quiere meter, aunque le será cada vez mas difícil permanecer neutral. Quiénes sí desean asumir un rol importante son los iraníes, apoyando entre otros al gobierno de Assad en Siria, quien parecía tambaleante pero se ha fortalecido gracias a su dureza, al apoyo ruso y a que EE.UU. dejó de hostigarlo. Más vale malo conocido, que tratar con el Estado Islámico formado dentro de parte de Siria e Irak… Queda de manifiesto que existe un importante grado de rivalidad entre Irán (mayoritariamente chiíta) y Arabia Saudita (mayormente sunni). Hasta hace 10 años, los lazos entre Arabia Saudita y los EE.UU. eran muy estrechos. A los americanos les importaba asegurar que nadie molestara al gran productor de petróleo del mundo. Se hacía la vista gorda a que financiaran a extremistas, que sus mujeres siguieran subyugadas, etc. como precio para que no cometieran actos terroristas dentro de sus fronteras.
El gran aumento en la producción de petróleo ha hecho que EE.UU. se sienta menos vulnerable. Una coalición de países liderada por Arabia Saudita, que incluye varios emiratos del Golfo Persa, bombardearon a uno de los bandos que luchan en Yemen. El objetivo de los ataques aéreos son los partidarios del ex presidente Saleh, pertenecientes a una secta, llamada al- Houthis, apoyada por Irán y gran parte de los militares de Yemen. Los EE.UU. han estado ausentes. Ha sido un raro acontecimiento, pues Arabia Saudita que usualmente evitaba todo protagonismo, sintió la necesidad de llenar un vacío de poder e indirectamente ha enfrentado a los persas.
Iraq tambalea, enfrentado por la terrible sombra del EI que se expande sobre su superficie. Al no querer comprometer tropas, excepto como asesores y apoyo aéreo, EE.UU. debe encontrar o aceptar a un substituto y ese es Irán, para apuntalar al ejercito Iraquí y enfrentar al EI.
No es esta una elección simpática, porque involucra también a Hezbollah, pero parece necesaria. Por eso el Secretario de Estado John Kerry pasa días enteros reunido con los iraníes, tratando de llegar a un acuerdo sobre el tema nuclear que facilitaría levantar las sanciones y mejorar las relaciones. Los Ayatollah son retrógrados y peligrosos, pero parecerían más aceptables que EI.
Israel está muy preocupado con estos cambios. Podría ser parte de la solución tratar de llegar a un acuerdo con los palestinos, pero se desconfían y no hay consenso en el país. Además, teme más a Irán, como una posible potencia nuclear futura, que al EI y al terrorismo islámico apátrida. Mientras, Obama hace lo que puede, tratando de elegir el mal menor y perder menos vidas, especialmente de sus soldados.
¿Qué pasa con el Islam?
13/Abr/2015
El País, Julia Rodríguez Larreta