De acuerdo al protocolo
docente en primer lugar saludo a los niños de la Escuela 183 “Nelson Mandela”,
quienes realizaron el mayor esfuerzo para concurrir. Me comprometo con ustedes
que no será una clase de historia sino un breve dialogo sobre rumbos de la vida
y de nuestra convivencia. Tal vez alguno de ustedes continúe estudios en el
Liceo público Mordejai Anilevich, que pronto tendremos, que tanto tuvo que ver
con lo que hoy nos convoca. En segundo lugar saludo con gran alegría la
presencia de nuestros sobrevivientes judíos de la Shoá, y también la de
sobrevivientes del mayor politicidio sufrido en nuestro país durante la pasada
dictadura. Saludo a los jóvenes y junto con ellos la de todos ustedes, en
particular de los representantes sindicales, de organizaciones de derechos
humanos, religiosas, estudiantiles, comunitarias y políticas. Una mención
especial, que mucho valoramos, la presencia de altas autoridades nacionales y
departamentales así como representantes del Cuerpo Diplomático.
Una concurrencia tan
numerosa y representativa de tan amplio espectro político, religioso y etario
abre grandes expectativas de que todo lo mejor de lo humano es posible de
lograr. Pocos países en el mundo dan este ejemplo. Tal vez, sea la escuela
vareliana la que germinó este encuentro. No es la primera ni será la única vez
que la necesidad de reafirmar los derechos humanos nos descubra de nuevo
juntos.
Ha pasado mucha agua bajo
el puente dice un viejo dicho popular. Necesitamos encontrarnos y
reencontrarnos, pensar y actuar en colectivo, conocer de dónde venimos para
saber bien a dónde ir. 70 años es la suma de tres generaciones, con aquellos
que nacieron, crecieron y maduraron como para formar familia, profesión y
autonomía. 70 años es la edad en que muchos comienzan a disfrutar de una
merecida jubilación y jugar con los nietos. Para otros 70 años es momento de
devolver a la sociedad todo lo aprendido. Para todos 70 años es mucho tiempo en
la vida de una persona, pero no tanto en la vida de una comunidad y nada para
una civilización. El mundo aceleró el cambio tecnológico y científico a un
ritmo inigualable e imparable en el siglo XX. Esto trajo comportamientos
sociales también cambiantes y complejos procesos adaptativos. Vivimos un
constante aprender a aprender los cambios y una necesidad de aportar a seguir
cambiando. El cambio civilizatorio hoy es a escala global. Pero al decir de
Eladia Blázquez en el tango A un semejante (1976) “no ves que sos mi semejante.
Sentir tu mano fraternal. Saber que siempre para vos El Bien es bien y El Mal
es mal”. Todo cambia pero también está aquello que queremos conservar.
Primo Levi recuerda, en
su libro La tregua, que hace 70 años se produjo el encuentro con la primera
avanzadilla rusa un 27 de enero de 1945 cuando llegaron al campo de Auschwitz,
abandonado por los alemanes. Narró Primo Levi “eran cuatro soldados jóvenes a
caballo que avanzaban cautelosamente metralla en mano. Cuando llegaron a las
alambradas se pararon a mirar intercambiando palabras breves y tímidas,
dirigiendo miradas llenas de un extraño embarazo a los cadáveres descompuestos,
a los barracones destruidos y a los pocos vivos que allí estábamos. No nos
saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por
una timidez confusa que les sellaba la boca y clavaba su mirada sobre aquel
fúnebre espectáculo. Era la misma vergüenza que conocíamos tan bien, la que nos
invadía después de las selecciones, y cada vez que nos tocaba asistir a un
ultraje o soportarlo; la vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente
el justo ante la culpa cometida por otro, que le pesa por su propia existencia,
porque ha sido introducida irrevocablemente en el mundo de las cosas que
existen, y porque su buena voluntad ha sido nula o insuficiente, y no ha sido
capaz de contrarrestarla” .
Al decir de Hannah Arendt
“De golpe en el mundo de después de los campos quedó claro que cosas que
durante miles de años estaban fuera del alcance de las posibilidades humanas,
podían ser creadas sobre este planeta…el infierno totalitario demuestra que la
fuerza del hombre es mayor de lo que nos atrevíamos a pensar y puede realizar
fantasías satánicas sin que por ello caiga el cielo y sin que la tierra abra la
boca” .
Teodoro Adorno lanzó una
idea en el año 1975, que caló hondo en el pensamiento contemporáneo al afirmar
que “después de Auschwitz ya no se puede escribir poesía” . ¿Qué quiso decir?
Varias cosas a la vez, sin duda. Por un lado reafirmar la fractura que
significó en la historia de la humanidad, por otro el descubrimiento del mal a
que es capaz el hombre ahora vivido en extremo sobre otros hombres a los que
convirtió en no hombres. De aquí en más cada vez que se escriba sobre el amor
habrá que pensar también en el odio. Lo ideal quedó demostrado definitivamente
que no existe.
Retomemos el testimonio
de Primo Levi cuando relata la llegada “a un lugar del que no comprendíamos la
lengua y todavía menos su razón de ser. Había unos letreros insensatos: una
ducha, un lado limpio, el lado sucio y el lado limpio. Nadie nos explicaba nada
o bien nos hablaban en yiddish o en polaco, y nosotros no comprendíamos nada” .
“La mayoría murieron en los primeros días por no ser capaces de comprender. No
entendían las órdenes, y no había ninguna clase de tolerancia para quienes no
las entendían; había que entender la orden: nos gritaban, nos la repetían una
sola vez y ya está, después arreciaban los golpes” . “Podía sentir junto con el
miedo, el hambre y el agotamiento, un deseo extremadamente intenso de
comprender el mundo circundante. La lengua, en primer lugar. Sabía algo de
alemán, pero comprendí que debía aprenderlo mucho mejor. Llegué al extremo de
tomar clases, pagándolas con una parte de mi ración de pan” .
Un texto de Hannah Arendt
publicado en 1946 describe la aniquilación en los campos de concentración
“después vinieron las fabricas de la muerte y todos murieron no en calidad de
individuos, es decir de hombres y mujeres, de niños o adultos, de muchachas y
muchachos, de buenos o malos, de bellos o feos, sino que fueron reducidos al
mínimo común denominador de la vida orgánica, hundidos en el abismo más
profundo de la igualdad primera; murieron como ganado, como cosas que no
poseyeran cuerpo ni alma, ni siquiera un rostro donde la muerte hubiera podido
estampar su sello. Hay un acto peor que la muerte, el negar la posibilidad de
morir como un ser humano, desdibujar la identidad de los cuerpos en los que la
muerte pueda dejar testimonio de que ese que murió había tenido vida”.
El pueblo judío es un
pueblo que supo cultivar la memoria. Sufrió persecuciones, expulsiones de donde
vivía, inquisición, tuvo que cambiar nombres y apellidos para seguir viviendo,
fue aislado del resto de la sociedad, y también como reacción se aisló.
Aprendió el valor de recordar y honrar. Transmitieron la enseñanza de no
olvidar y el bien de la memoria de generación en generación para seguir siendo.
Sin embargo al mundo algo nos faltó asumir, al decir de Martín Luther King
“hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no
hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.
Una de las grandes
preocupaciones de los judíos al finalizar la Guerra fue salir de Europa, pero
también a dónde ir. La inseguridad y los malos recuerdos ya no les permitía
vivir donde habían nacido. Muchos fueron a construir Israel, un viejo sueño;
otros salieron en búsqueda de algún familiar o un rostro conocido de su pueblo.
Uruguay, entre otros sitios, fue un lugar en esa búsqueda. El Archivo del
Ministerio de Relaciones Exteriores guarda algunas de las cartas solicitando
Visa de ingreso y también reclamos por los sobrevivientes.
Sr. Ministro de Relaciones Exteriores:
“Después de haber sufrido
en Europa, mis parientes (Geza Altman -hermano-, Laszlo Altman –sobrino-, y
Sandor Pasternak –cuñado) todas las
persecuciones de la barbarie nazi, y a pesar de las grandes exterminaciones,
tuvieron la suerte de quedar con vida, a pesar de perder todos sus seres
queridos, desean y solicitan que se les permita llegar al Uruguay, donde tienen
un hermano quien con ansía los espera”. Samuel Altman, Mercedes, Soriano, 1º de
febrero de 1946.
El 25 de marzo del mismo
año, Samuel Altman vuelve a escribir:
“Solicito permiso de desembarco de mi cuñada
la Sra. Lilí Eisen de Altman, residente en Hungría. Recién esta semana
recibimos noticias que ella se salvó del campo de concentración de Auschwitz, y
como es natural quisiera venir junto con su esposo, quién ya tiene el permiso
concedido”.
Llegó la respuesta el 13
de abril de 1946 “Visto y teniendo en cuenta que la presente gestión se realiza
a favor de la esposa de persona cuyo ingreso –previo cumplimiento de los
extremos legales correspondientes- ha sido ya autorizado, Prestase Conformidad”
.
Marzo 3 de 1946
Sr. Ministro de Relaciones
Exteriores
Dr. Eduardo Rodríguez
Larreta
“Yo el abajo firmante
Juan Boris Gurewitsch Blimowitsch, de nacionalidad rusa, domiciliado en esta
capital en la calle 25 de mayo 707 ap. 9 vengo a solicitar permiso de
inmigración de mi Srta. Novia Anna Herzberg Schenk de nacionalidad alemana.
Después de 4 (cuatro) años sin ninguna noticia, ahora recibí una carta que ella
habría sobrevivido la catástrofe, y quería venir a Montevideo para contraer
enlace con el suscrito” .
Mayo 8 de 1946
Sr. Sub Secretario del
Ministerio de Relaciones Exteriores
Don Martín Aguirre
“Mi distinguido amigo. Le
ruego quiera Ud. poner toda su atención sobre una solicitud hecha a ese
Ministerio por el Sr. Gurewitsch, artista de gran talento que colabora en la
Revista que dirijo, y uno de los extranjeros que obtuvieron el Gran Premio de
pintura en el Salón Nacional de Bellas Artes. Sé que el Sr. Gurewitsch esperó
durante años en esta ciudad la terminación de la guerra para hacer venir a su
novia la Srta. Anna Herzberg, para contraer enlace en Montevideo. Vive con esa
preocupación y está ansioso de poder realizar su sueño. Yo le ruego haga Ud.
por el artista y amigo cuanto esté a su alcance para que sus deseos se cumplan.
Habremos así contribuido a la formación de ese hogar y habremos asegurado la
permanencia en el país de un artista de valor”. Orestes Baroffio, Director de
la Revista Semanal Mundo Uruguayo.
Respuesta: “Se considera
el caso comprendido dentro del Punto I de la Orden Ministerial del 25 de enero
de 1946. Se concede la Visa”.
Que importante es ponerse
en el lugar del otro, del más débil, del siempre olvidado, del discriminado,
del que está y se siente solo. Nunca vamos a sentir lo que él siente pero por
lo pronto lo intentaremos. Salirse del yo para comenzar a construir el nosotros.
Hace unos meses atrás en
nuestro país en momentos del recrudecimiento del viejo conflicto entre Hamas y
el Estado de Israel, en las redes sociales y en varios muros en Montevideo y
Canelones aparecieron leyendas insultantes y excluyentes para con uruguayos
judíos. Afloró algo impensable para muchos; la exclusión del otro como ajeno al
ser social nacional también en la tierra de Artigas. Sentimos vergüenza.
Y hace pocas semanas el
mundo nuevamente fue conmovido por la violencia y la exclusión del otro. El
escenario Francia. El mundo, y nosotros lo compartimos plenamente, gritó bien
fuerte “Yo soy Charlie” ubicándose del lado de la víctima y de su derecho en
primer lugar a vivir, y al vivir el decir y sentir. El país que supo lanzar al
universo la utopía de los Derechos Humanos vio asesinar a 9 periodistas de una
revista satírica, 3 guardias de seguridad y a 4 trabajadores judíos de un
supermercado. No hay ofensa que valga para cercenar la vida de otro o la suya
propia. Condenamos firmemente el terrorismo, y también generalizar y construir
olas de anti islamismo. No comparamos, por su radical diferencia, ambas
situaciones pero el aspecto compartible del excluir al otro nos debe mover a
reflexionar y actuar. Parecería que la visión dicotómica de amigo – enemigo no
quiere apartarse de algunas mentes.
Luís Pérez Aguirre S.J.
decía que todavía somos analfabetos en Derechos Humanos. Tal vez llegó el
momento de re pensarnos y re prensar nuevas pautas de convivencia democrática,
formular una nueva Carta de Derechos donde lo y el humano sea el centro con
toda la diversidad existente, donde la libertad y los derechos sean una utopía
en permanente construcción.
Hoy decimos tan fuerte
como para que todos puedan oír que somos los 6 millones de judíos asesinados,
somos el medio millón de gitanos exterminados en los campos, el millón y medio
de armenios masacrados hace hoy un siglo, el millón de Tutsis asesinados en
Ruanda, somos los 30 mil desaparecidos en Argentina, los 7.500 presos políticos
de Uruguay, somos los 47 estudiantes mexicanos secuestrados, somos los millones
de pobres del mundo, los discriminados por su religión, por opción sexual, por
alguna discapacidad o por ser mujer, o simplemente por no ser como la mayoría
quiere que seamos. Todos somos humanos.
Hoy nos pondremos el
sello de Ana Vinocur, será símbolo y herramienta para acompañar nuestro
dialogo. Ana coleccionaba sellos, no solo los postales sino el de una vida de
respeto al otro, de dialogo fraterno. Hoy también Todos Somos Ana Vinocur, la
mujer judía, polaca y uruguaya, una memoria ejemplar.
Quiero finalizar
compartiendo sus palabras “No podremos borrar nunca lo que hemos soportado,
tampoco podremos recuperar lo que hemos perdido, ni todas las riquezas del
mundo agolpadas lograrían borrar las huellas tatuadas en nuestros corazones. A
pesar de todo tenemos que seguir adelante y edificar nuestro futuro. No se debe
permitir que los tiranos lleven al mundo hacia la esclavitud. Es necesario que
las futuras generaciones sepan defender, comprender y apreciar la palabra
LIBERTAD” .
Muchas gracias,
Prof. Oscar Destouet
28 de enero de 2015
1 Primo Levi, La tregua, Barcelona, 1988,
pág. 12.
2 Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén,
Cuarta edición de bolsilla, Barcelona, 2009.
3
Teodoro Adorno, Dialéctica negativa, Einaudi, Torino, 1975, pág. 331.
4 Primo Levi, Informe sobre Auschwitz,
Editorial Reverso, Barcelona, pág. 109.
5 Primo Levi, Informe sobre Auschwitz,
Editorial Reverso, Barcelona, pág. 114.
6 Primo Levi, Entrevistas y conversaciones,
Editorial Belpoliti, 1988, pág. 55.
7 Expediente Familia Altman, Pasajero de 1ª
Clase, Archivo Histórico del MRREE, Montevideo
8 Expediente Anna Herzberg, Pasajero de 1ª
Clase, Archivo Histórico del MRREE, Montevideo
9 Ana Benkel de Vinocur, Sin título, Montevideo
2002, pág. 218.