Presentación en Polonia del libro “La niña de la maleta”

24/Jul/2018

Por David Serrano Blanquer, para CCIU

Presentación en Polonia del libro “La niña de la maleta”

Dziewczyna w walizce (La niña de la maleta)
David Serrano Blanquer
Editorial Bellona, Varsovia, 2018
MUSEO POLIN DE VARSOVIA 9 DE JULIO DE 2018
l 9 de julio se presentó en el Museo POLIN
de Varsovia la traducción del libro El llanto de la maleta. Historia de dos
hermanas separadas tras el nazismo (Barcelona, Milenio, 2016), bajo el título
Dziewczyna w walizce y publicado por la Editorial Bellona de Varsovia. El
autor, el investigador catalán de la Shoá Dr. David Serrano Blanquer, viajó hasta
Polonia para estar presente en el acto, que contó también con la presencia de
Jolanta Sieminska, hija de Danuta Galkowa, una de las protagonistas de esta
increíble historia, Malgorzata Maruszkin, traductora al polaco, Joanna Proczka
y Ewa Cieslak, editoras del libro en la versión polaca, y el Doctor August
Grabski, profesor del Jewish Historical Institute en Varsovia, que fue el
encargado de conducir el acto. En el acto estaban presentes una nutrida
representación de niñas supervivientes del gueto de Varsovia.
El doctor Grabski glosó la figura del
autor, del que dijo que era un “investigador y académico de reconocido
prestigio entre la comunidad académica polaca” dedicada al estudio de la Shoá
desde el punto de vista del testimonio. Del libro reconoció “la extraordinaria
historia contada de modo casi al estilo de la intriga, que busca en las
emociones el modo en que sus protagonistas, como el propio autor, lo vivieron”.
Ante esta circunstancia, que valoró como algo que aportaba un modo de proceder
que va más allá de lo académico, preguntó al autor por los límites que
consideraba que existían en la obra y en las obras en general sobre la shoá
entre literatura e historia, entendida como el estricto relato de los hechos.
Serrano respondió que “ya desde el punto de vista conceptual esos límites son
tan frágiles que los mismos canónicos Primo Levi o Jorge Semprún,
sobrevivientes, reconocen que los traspasan en sus textos con la intención de
poder ser comprensibles para un lector medio”. En ese sentido, Serrano insistió
en el hecho de que la misma reconocida investigadora francesa de testimonios de
la Shoá Annette Wieviorka constataba ya en los 90 que los relatos en bruto eran
“indigeribles” y que era necesario afrontar la necesidad de contar lo ocurrido
con estrategias que permitieran al lector no huir de esos relatos crudos sino
que se mantuviera enganchado a historias de vida que son de hecho modelos para
las nuevas generaciones.
En el acto se planteó ese límite a partir
del tema de la enfermera Irene Sendler, que formaba parte de la organización
Zegota, que extrajo del gueto a unos 2500 niños judíos para que pudieran
sobrevivir.  Serrano justificó su
inclusión en el libro porque “Sendler es un personaje absolutamente desconocido
por el público medio en Catalunya y España y su figura permite al lector poner
nombre y cara a una gente que se jugó la vida por salvar a los más
desfavorecidos, cosa que los datos no permiten.” La labor didáctica del
profesor catalán de la Universitat Ramon Llull está detrás de muchos de sus
planteamientos: “Si queremos que las nuevas generaciones cojan el relevo de los
testimonios en la lucha contra el fascismo y la intolerancia en general,
tenemos que usar nuevas estrategias a la hora de contar estas increíbles
historias de pérdidas y superaciones.”
El libro cuenta la historia de Giza
Alterwajn, que actualmente vive en Montevideo, que es sacada dentro de una
maleta del gueto de Varsovia con solo 8 meses y dejada en casa de la familia de
Danuta Galkowa, la hermana mayor de seis hermanos, y cuyo padre murió en los
campos, probablemente por ayudar a los niños judíos del gueto y sus familias.
Giza, bajo el nombre falso de Stefcia, vivió la guerra entre esa familia, que
la consideró siempre su hija pequeña. Al terminar la guerra, y haber perdido en
los campos Giza a sus padres biológicos, unos tíos que sobrevivieron se la
llevaron primero a Lodz y finalmente a Montevideo, donde había una parte de la
familia materna y paterna que había huido antes de la guerra. Empiezan ahí 65
años de separación, de ausencia, de dolor y de búsqueda que culminan finalmente
en un encuentro en el Aeropuerto Chopin de Varsovia. La historia es contada
desde la perspectiva del investigador, que encuentra el modo de hacerlo después
de un encuentro con José Grunberg y Charlotte de Grunberg en Punta del Este,
que son los autores del Epílogo del libro, también en la versión polaca.
El doctor Grabski tenía especial interés
por conocer desde la perspectiva de un investigador extranjero cómo veía la
situación del antisemitismo en Polonia especialmente, pero también en España y
en América del Sur. Grabski valoró la extraordinaria posibilidad que un
investigador de prestigio internacional como Serrano les ofreciera a través del
libro una visión sin “prejuicios” de la sociedad polaca en un período muy
controvertido de su trágica historia reciente. Serrano reconoció que la
situación de Polonia con el tema de la “actual intento de construcción del
relato sobre su pasado no es distinta de la que se tiene en la mayor parte de
países de Europa, en España por ejemplo hay un gran debate sobre el futuro del
Valle de los Caídos, donde está enterrado el dictador Franco y lugar de
peregrinaje fascista desde hace decenios, algo impensable en países como Italia
o Alemania”. Destacó la imposibilidad de prohibir, modificar, esconder o pasar
por la ley hechos del pasado, como se está intentando en Polonia, porque “la
realidad fue la que fue, no se puede esconder, como mucho se puede manipular”.
Para ello puso por ejemplo que cualquier lector medio polaco “podrá encontrar
en el libro todos los matices del modo de proceder de la Polonia de los años
40: desde las víctimas, pasando por los héroes, hasta con los delatores”.
Preguntado por la importancia que daba al hecho de la presencia de un delator como
algo significativo de la identidad polaca de aquellos tiempos, Serrano contestó
que “la figura del delator es universal, existe en todos los estados
totalitarios y responde básicamente a la posibilidad de medrar o a la falta de
límites éticos de la conducta, fruto del miedo o de las posibilidades que
ciertos perfiles mediocres ven de mejorar su situación, de otro modo
imposible.”
Sobre la situación en España en referencia
al tema del antisemitismo, Serrano comentó que “la comunidad es muy pequeña,
fue expulsada en 1492 y la que existe actualmente es procedente del norte de
África a partir de 1940-50. Es una comunidad muy cerrada, a diferencia de
Uruguay y Argentina, que además de ser mucho más numerosa, tiene una alta
presencia en ámbitos culturales, económicos y sociales.”
Serrano reconoció también que “Polonia
tendrá que afrontar algún día su pasado desde la complejidad, algo que en
España tampoco se hizo sobre su larga dictadura y que países como Alemania sí
que consiguieron afrontar, no sin dificultades. Porque las sociedades son
complejas, y el antisemitismo polaco no es ni de los años 30-40 ni de ahora,
viene de una larga tradición que por lo visto en el Museo Polin no es distinta
de la vivida en Catalunya y España en el siglo XV.” Serrano puso de ejemplo la
“actual situación intolerable de xenofobia que hay en Europa respecto de los
refugiados sirios que mueren diariamente en el Mediterráneo ante la pasividad
de la mirada europea, algo que no difiere, con todos los matices, de la actitud
respecto a las comunidad judía de los años 30-40.”
Finalmente, Serrano insistió en la
necesidad que “las nuevas generaciones se acerquen a la historia de sus abuelos
no solo para conocer historias como la de Giza y Danusia, ya de por sí
maravillosas desde el punto de vista humano, sino también para que tengan un
componente de educación moral, de compromiso ético por las libertades, por la
democracia, por los valores propios de la Revolución francesa que nos hacen
iguales a todos, y que se den cuenta que no vienen dados sino que hay que
luchar por ellos ante los peligros que acechan en la mayor parte de países
occidentales.”
Serrano contó que cuando conoció a Giza,
ella lo primero que le preguntó fue que por qué tenía que contarle su historia,
una historia embrionariamente contada aún en ese momento, especialmente en
círculos íntimos. Serrano le argumentó que él había empezado hacía 25 años
investigando la Shoá porque, estudiando la historia de un escritor e
intelectual catalán que estuvo 5 años en el campo austríaco de Mauthausen,
encontró después de una ardua búsqueda una maleta con toda su historia de vida
traumática olvidada en un buhardilla. Giza, que aún no le había contado que
ella había sobrevivido gracias también a una maleta, entendió que su vida y la
de Serrano quedaban atadas para siempre por dos maletas.