Pedagogía de la libertad: Una experiencia en la Casa de Ana Frank, en Buenos Aires

06/Feb/2015

Brecha, Por Andrés Alsina

Pedagogía de la libertad: Una experiencia en la Casa de Ana Frank, en Buenos Aires

Es así. Los estudiantes
ven un breve video con ejemplos de libertades que entran en conflicto entre sí
o con el orden jurídico. La persona que coordina los enfrenta al dilema con una
pregunta dirigida al meollo del asunto, y ellos votan sí o no. Puede ser el
derecho a la salud de quien no paga impuestos, la libertad de circular y los
cortes de calles, o cualquier otra situación cotidiana en la que los derechos
encuentran un límite. La pregunta final polariza opiniones y el votar no
alcanza para expresar la opinión de cada uno; ese grupo de 25 a 30 chiquilines
discute en consecuencia, y lo importante no son las conclusiones, que quedan
abiertas, sino el propio debate, que es el objetivo. La discusión surge a veces
con fuerza. La coordinación incita a reconocer los límites de esos derechos y a
aceptar la diversidad de opiniones. Los estudiantes son invitados a tomar
posición democrática y razonadamente sobre el tema, y se lleva a reflexión la
capacidad de convivencia y la comprensión del disenso. Son los dilemas de la
libertad, después de todo.
Hay diez videos de esos,
y la actividad es parte de las muchas con las que fue creciendo la Fundación
Casa de Ana Frank desde que abrió en Buenos Aires en 2009; la única
reproducción existente de la original de Amsterdam. Es un museo viviente en
nombre de la terrible y bella vida de la chiquilina de 15 años que pasó dos
años escondida en una casa creando un mundo con su escritura, hasta ser
detenida y asesinada por los nazis.
La última semana de enero
la principal de las seis muestras organizadas por la Casa de Ana Frank se
exhibió en el atrio de la Intendencia de Montevideo (IM) en ocasión de
conmemorarse 70 años del cierre de Auschwitz, junto a la gente de Proyecto
Shoá, de Uruguay, con quienes resultaron coincidir mucho en el planteo
pedagógico. Que no es otro que el que propuso el padre de Ana, Otto, al crear
la fundación: luchar contra todo tipo de discriminación y racismo.
En el desértico
Montevideo de enero la muestra fue mucho más visitada de lo que esperaba Naomí
Insúa, la coordinadora de proyectos de la Casa. Gente que pasaba camino a sus
trámites se paraba invariablemente, a veces un poco, a veces más. A veces se enganchaban
con la explicación que Naomí o su colega Carolina Cazes estaban dispuesta a
ofrecer, sin imponerla. Algunos de los paseantes volvían con sus hijos. Otros
iban expresamente a ver la muestra, y el día del acto oficial, el miércoles 28,
había gente de pie en el Salón Azul de la IM. De los mensajes de salutación y
de las palabras del único orador, Oscar Destouet, quedó claro que el tema no se
restringía a la comunidad judía y se extendía a aquellos objetivos otrora
planteados por Otto Frank.
La reacción del público
montevideano ante la muestra tuvo matices con respecto a la del argentino: “Qué
duro”, se escuchaba; “me cuesta leer” y “muy impresionante”. Lo que vieron les
causó mucho impacto emocional a los montevideanos, y sobre eso se expresaron.
Las chicas de la Casa de Ana Frank lo atribuyeron a que la muestra sólo tenía
la primera parte, “Ana Frank, una historia vigente”, y no estaba acompañada de
su par habitual: “De la dictadura a la democracia. La vigencia de los derechos
humanos”. En ésta se comparan mecanismos y procedimientos de los nazis con los
de la represión argentina y algunos casos de represión en democracia, pero
también le da actualidad y un rasgo esperanzador a la realidad. Allí suelen
comentar “pensé que iba a ser más triste y me iban a hacer llorar”, cuentan.
Por lo demás, es de
esperar la misma reacción de estudiantes uruguayos. En Argentina, aun los más
revoltosos de la clase pasan a guardar silencio “y no se oye volar una mosca”,
señaló Naomí. Si hay una segunda visita, se pasa a los debates, cuyo efecto
pedagógico es notable y se refleja en un mejoramiento de la convivencia y una
disminución de la violencia, la discriminación y el maltrato entre los
estudiantes. Hay un concurso literario por grupos etarios, y a un número de los
mejores se los insta a presentar textos y proyectos que mejoren la convivencia.
Como algunos se hacen en conjunto con la escuela, tienden a
institucionalizarse.
Uno de ellos, por
ejemplo, se dirige a localidades “que evidencien exclusión social”, para hacer
explícitos los mecanismos de exclusión que los alumnos tienen naturalizados,
lograr mayor tolerancia respecto de las apariencias, por ejemplo físicas y
biológicas, y concientizar sobre los problemas derivados de esa exclusión. Otro
trabajo, de un alumno de 16 años proveniente de Paraguay y que vive en la villa
31 (atrás de Retiro, en Capital Federal), expresa preocupación “por la fuerza
que ha tomado la discriminación y la violencia”, y propone una serie de
actividades que reformulen la constitución de esos grupos separados con
elementos de una nueva identidad, por ejemplo la preparación de obras de
títeres que tiendan a reflejar las vivencias que atraviesan.
El aval del Ministerio de
Educación, dado desde el inicio de la gestión de la Casa de Ana Frank, fue
imprescindible para poder llevar las muestras y desplegar las actividades,
hasta ahora, a 15 ciudades argentinas, siempre con participación de las
escuelas. Y lo notable del método pedagógico es que esa realidad terrible por
la que pasa la historia dé lugar a la esperanza y a la educación en valores.
En Uruguay, las chicas
que vinieron alcanzaron a dar algo de formación como guías a gente del Proyecto
Shoá, con la esperanza de quien siembra, de poder tener espacio para ofrecer
esta eficaz herramienta pedagógica ante problemas de los dos países que bien
pueden compararse. El sistema de formación de guías de entre 16 y 24 años, que
ya son muchos, no sólo le da mayores posibilidades a las muestras y a distintas
actividades en muchos lugares sino que tiene un efecto multiplicador hacia las
propias actividades de éstos y hacia las familias. La Noche de los Museos, en
la cual la Casa de Ana Frank abre sus puertas sin costo (y recibe a alrededor
de 7 mil visitas) pese a no estar en el circuito de los museos, es aprovechada
por padres de guías para allegarse y entender qué es lo que le mejoró tanto el
carácter y el comportamiento a su hija o hijo. Y qué resultó ser el ejercicio
práctico de la democracia.