Paysandú Y Rawalpindi

18/Mar/2016

PorIsrael, por: Egon Friedler

Paysandú Y Rawalpindi

En protesta contra el alevoso asesinato
antisemita de David Fremd, se realizó el domingo 13 de marzo una marcha
silenciosa que, según la estimación del diario “El Telégrafo”, convocó a más de
8000 ciudadanos de Paysandú. Con velas
encendidas y bajo el lema de “Convivencia en paz” los sanduceros expresaron su
solidaridad con la pequeña colectividad judía en Paysandú que apenas reúne a
unas 20 familias. El asesinato conmovió a todo el país, lo que se expresó en
las condenas de los medios de prensa y a las múltiples reacciones de condena al
crimen de diferentes actores sociales, comenzando por el propio presidente de
la República, Dr.Tabaré Vázquez. Sin duda, el atentado en Uruguay y
precisamente en Paysandú, el departamento del país con la tasa más baja de
criminalidad y violencia, sorprendió como un hecho insólito. Pero no fue
insólita la reacción del país, ya que el Uruguay tiene una vigorosa tradición
democrática y se construyó con el aporte de varias generaciones de inmigrantes
de diferentes orígenes. Lamentablemente en el mundo, los países como el
Uruguay, son una minoría
En otra ciudad, a muchísimos kilómetros de
distancia, hubo una gran manifestación de protesta por otra muerte en la misma
semana. Se trata de Rawalpindi, la ex capital de Pakistán, una ciudad que tiene
tantos habitantes como el Uruguay entero. El motivo de la muerte no fue un
asesinato sino el duro cumplimiento de una sentencia judicial cinco años
después del crimen: fue ahorcado el asesino del gobernador de la importante
provincia de Punjab, Salman Taseer. El
gobernador asesinado quería anular la infame ley de blasfemia, que es utilizada
por la mayoría sunnita para aterrorizar a las minorías religiosas. El asesino,
un ex guardaespaldas del gobernador, era un claro representante de fuertes
grupos religiosos. Al día siguiente, 5 de enero de 2011, el diario británico
“The Guardian” tituló: “Las principales organizaciones religiosas aplauden el
asesinato de Salman Taseer”.
Dos meses más tarde otro político liberal,
Shabaz Bhattí, el único ministro cristiano en el gabinete, fue asesinado.
En Occidente ya hace unos cuantos siglos
que la religión no practica el asesinato en nombre de la fe, Pero no sucede así
en los 57 países de la Conferencia Islámica. Es muy simpático decir que todas
las religiones monoteístas quieren la paz, la fraternidad y la convivencia
armónica entre los diferentes credos. Lamentablemente no es así. La consigna básica del Islam es una división
hostil del mundo entre fieles e infieles. En los períodos más calmos esta
consigna solía ser disimulada u olvidada. Pero en las últimas décadas, el
Islam, una religión que siempre tuvo una estrecha relación con la política, se
ha radicalizado considerablemente. Las voces moderadas o críticas son
acalladas.
El 11 de marzo pasado, el escritor
pakistaní Aatish Taseer”hijo del gobernador asesinado en el 2011 escribió un
artículo en el “New York Times” bajo el título “El funeral del asesino de mi
padre”. Aatisch estima el número de
manifestantes en 100.000 personas y sostiene que fue uno de los funerales más
grandes en la historia de Pakistán, similar al de Muhamed Ali Jinnah, el padre
de la nación, o de Benazir Bhutto, la ex primera ministra, que fue asesinada
en 2007.
Pero no se trató de un funeral de estado, sino que fue espontáneo y se
realizó sin que los medios de difusión informaran de su realización. Más tarde
se pregunta: ¿La gran multitud que salió a la calle lo hizo por odio a mi padre
o por amor a su asesino? Ellos
difícilmente podían haber conocido al Sr. Qadri. Lo único importante que hizo
en su vida fue matar a mi padre. Antes de eso, era un ser anónimo.”
“Mientras observé este funeral sin
precedentes, motivado no por amor al muerto sino por el odio al hombre que
mató, reconocí en esa multitud en Rawalpindi la actitud militante del Islam
radical hacia nuestro tiempo. Su energía se derivaba de su reacción contra la
modernidad, esa modernidad que mi padre representaba con su condena de las
leyes de blasfemia y sus ideas liberales procedentes de Occidente”.
¿ Cambió algo desde entonces en Pakistán,
ese enorme país de 170 millones de habitantes?
Para encontrar la respuesta, consulté la versión en inglés en Internet
en “Dawn” el principal diario del país del 16 de marzo. Entre los principales
títulos encontré el siguiente: “Los partidos religiosos reclaman del gobierno
que retire la Ley Femenina antes del 27 de marzo”. Las primeras líneas aclaran
de qué se trata: “Lahore. Los partidos religiosos han
advertido al gobierno que retire su propuesta acta anti-islámica de defensa de
las mujeres contra la violencia en Punjab antes del 27 de marzo. De lo
contrario tendrá que enfrentar un fuerte movimiento de protestas en todo el
país. Convocados por Jamat I-Islami, los
líderes de 35 partidos religiosos reunidos en Mansura, discutieron la ley y
condenaron la política gubernamental que ataca a la Sharia, la Constitución y
la ideología de Pakistán.”
Indudablemente los casos mencionados son
tan solo episodios de una complicada y gigantesca batalla, que se libra en
numerosos frentes en un mundo globalizado en el que han desaparecido las
fronteras. Y todo indica que será una batalla que habrá de prolongarse por muy
largo tiempo.